Antonio Camborda | Desde Carolina del Norte, USA
[email protected]
A pesar de que en los últimos días han ocurrido las muertes de dos ilustres personajes: el Papa Francisco y el escritor Mario Vargas Llosa, que nos invitaron a una necesaria reflexión, hay un hecho que no se puede dejar pasar por alto, pues es materia de comentario y análisis respectivo, porque es una clara muestra de la insensibilidad de los políticos que violan alegremente los derechos humanos.
Se trata del caso del ciudadano Kilmar Abrego García, quien fue deportado a El Salvador por orden de Donald Trump y, actualmente, está recluido en la cárcel de máxima seguridad, construida en San Salvador, por el presidente Bukele, para encerrar a los pandilleros salvadoreños de la banda Salvatrucha y que cometieron numerosos crímenes tanto en su país de origen como también en ciudades de Estados Unidos.
https://jornada.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/02-10-San-Martin-vencio-a-Rebaza-Acosta-por-la-Liga-de-Voley.webprequiem-para-un-escritor-opinion/
Pero Abrego no es ni ha sido jamás pandillero, a tal punto que el mismo Trump ha reconocido que fue deportado por un error administrativo. Y, a pesar de la orden de la Corte Suprema de Estados Unidos para que sea regresado a Estados Unidos el ciudadano salvadoreño, casado con una ciudadana norteamericana y padre de tres niños, que residía en este país desde hace 15 años, Trump se niega a retornarlo alegando que en la orden de deportación no se indica que debería ser reingresado a Estados Unidos.
Y añade que ahora el problema es de El Salvador, pues está bajo su jurisdicción, y ya Nayib Bukele ha dicho que el no puede enviar a Estados Unidos a un pandillero. Y sin prueba alguna lo ha calificado de delincuente que representa un peligro para Estados Unidos.
Bukele, a quien muchos admiran por la mano dura con que ha combatido a la delincuencia en su país y lo ponen como modelo a seguir, no es mas que un carcelero que hace negocios con el alquiler de la cárcel que él ha construido.
https://jornada.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/02-10-San-Martin-vencio-a-Rebaza-Acosta-por-la-Liga-de-Voley.webptrump-en-retroceso-opinion/
Actualmente, recibe miles de dólares de Estados Unidos por mantener en prisión a los salvadoreños y venezolanos que fueron deportados, y eso, en buen romance es un negociado con bienes del Estado.
Quienes tuvimos la oportunidad de ver por televisión la forma como recientemente Trump trato a Bukele en el Salón Oval de la Casa Blanca, pudimos rápidamente sacar conclusiones. El mandatario norteamericano no se cansaba de acariciarle las manos a su homologo salvadoreño que no escondía su satisfacción por las caricias.
Y es que el carcelero centroamericano se sentía orgulloso de su papel al servicio de Trump, que lo miraba como lo suele hacer un abuelo orgulloso cuando se reúne con algún nieto que le da satisfacciones por sus triunfos académicos y profesionales. Pero, en este caso, era porque Bukele estaba cumpliendo su papel de mandadero de los caprichos de Trump.



