El gobernador de Ayacucho, en una de esas declaraciones para las tribunas, ha dejado entrever que dejará la política. No es el primer político en el mundo que da declaraciones de ese tipo, para luego retractarlas. ¿Por qué hacen eso?
Desde la antigua Grecia, el poder ha sido un tema de reflexión, y siempre ha estado asociado con la política. Son inherentes, de manera que el poder, es como la droga que consume el político: dejarlo es sumirlo en una dolorosa abstinencia.
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En la mayoría de los casos, el anuncio de el alejamiento de la política y de no aspirara al poder, esconde una aspiración que no quiere anunciarse: su candidatura. Pasado un periodo, volverá con nuevos bríos para anunciar que se “sacrificará un periodo más”, porque los electores se lo piden.
Estos anuncios de alejarse de la política forman parte del folklore de la politiquería peruana. Son incontables los casos de alcaldes, gobernadores, congresistas o parlamentarios y de candidatos, que siempre postulan “por última vez”, y seguirán postulando.
Por eso las declaraciones de Wilfredo Oscorima hay que tomarlas como de quien viene. Oscorima ya ha bebido el néctar del poder, que es un néctar más poderoso que cualquier otra droga. Sabe que quien tiene dinero, no tiene poder. Sólo la política proporciona ese poder que produce placer.
¿Oscorima va renunciar a eso? Tener poder es hablar de tu a tu con la presidenta de la república. Tener poder es ordenar qué un chofer lo espere en el aeropuerto hasta que llegue el avión que lo trae a Ayacucho o que lo lleva a otro destino.
Tener poder, es decidir la suerte de muchos, quizás de miles de personas. El poder de decidir que obre se hace y cual no. El poder de dar trabajo a quien el quiere beneficiar y negárselo a quien el no quiere contratarlo.
El poder está estrechamente ligado al ejercicio de la política. Por eso sorprende cuando muchos políticos se presentan como no políticos, uno de ellos fue el Oscorima que postuló nen la primera oportunidad. Luego de ganarla, comenzó a beber ese néctar que obnubila, incrementa el ego y da, lo que no puede dar el dinero: poder.
¿Y los millonarios tienen poder? La mayoría de ellos, compran su seguridad. El político tiene a su servicio a sus seguidores, que le dan la seguridad que requiere. Y no cuesta nada.



