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El turista busca participar | Editorial

Una de las debilidades de la oferta turística de Ayacucho, es que consideran al turista como un espectador pasivo, no como un actor importante, tanto en las festividades de Semana Santa, como en las del carnaval.

Con relación al carnaval, que se inicia este sábado con la entrada del Ño carnavalón, son dos alternativas las que tiene el turista: viajar a Cajamarca, donde le ofrecen participar en todo el jolgorio que supone ese carnaval cajamarquino, o enrumbar hacia Ayacucho, para disfrutar del paso del interminable desfile de las vistosas comparsas.

En los años anteriores al conflicto armado interno, los carnavales en Ayacucho eran muy diferentes a como se presenta en la actualidad. Los cientos de visitantes y los estudiantes foráneos que vivían en Ayacucho se integraban en las comparsas constituidas por vecinos de barrio, o por estudiantes de un programa universitario.

Las comparsas de barrios utilizaban la vestimenta propia del carnaval: el fustán blanco y la blusa blanca y algunas se ponían una manta cruzada en el pecho. Los hombres con la ropa que estaban a diario, saco, casaca o poncho. Lo que si era tradicional y hasta ahora se mantiene: las mujeres iban adelante cantando y atrás estaban los hombres tocando los instrumentos musicales: guitarras, quenas, tinyas, tambores y pitos.

Todos llegaban a la plaza de armas, sin ningún orden ni prohibición. Entraban por los cuatro costados, dependiendo de donde está situado el barrio: los del norte, lo hacían por 9 de diciembre; los del oeste, por el jirón Lima; del del sur por Dos de Mayo o Jirón Lima; y del este, por el jirón Cuzco.

Pero no sólo estaban las comparsas con vestimenta y tradición ayacuchana. También llegaban a la Plaza mayor, las comparsas de jóvenes, en su mayoría universitarios, que habían participado en alguna yunza. Ingresaban a la Plaza Mayor cantando a coro las canciones del carnaval ayacuchano, no iban adelante las mujeres y atrás los varones. Iban en una mezcla que entonaba y desentonaba la música, portaba el hacha el nuevo arguyo y muchos llevaban las ramas del árbol caído.

La música duraba toda la noche, durante estos cuatro días: sábado, domingo, lunes y martes de carnaval. No había necesidad de conocer a los participantes, porque bastaba una invitación o que “una mano salga del grupo y lo atrapen al futuro invitado a la comparsa” para formar parte de la fiesta.

Hoy nada de esto sucede. Las comparsas tienen reglamentos, costos de inscripción. No sólo turistas, sino la mayoría de los ayacuchanos, son ahora espectadores.

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