Investigaciones recientes sobre los riesgos que representa para los estudiantes -niños, adolescentes y jóvenes- el acceso a las plataformas digitales, dan cuenta de cambios en su conducta, la pérdida del pensamiento crítico, hasta convertirse, en lo que en algún momento se denominó, “los borregos domesticados”.
Pero esto se va agudizar, previenen, con los avances de la inteligencia artificial IA, que va reemplazar en muchos campos al esfuerzo de las estudiantes de buscar información y leer en las fuentes originales, las ideas de los académicos sobre los diferentes campos de la ciencia y las humanidades, porque la IA, proveerá las respuestas a todo, sin que el estudiante haga el esfuerzo mínimo para reflexionar.
Este es un reto que deben enfrentar los profesores en las aulas en todos los niveles de la educación, desde la inicial y básica hasta la profesional técnica o universitaria. Los profesores tienen que estar un paso delante de los estudiantes en el dominio de la IA y de las plataformas digitales, y para eso, necesitan que el estado los capacite de manera permanente.
No sólo es importante tener el suficiente dominio de la IA y de las plataformas digitales. El profesor debe incentivar, aprovechando la amplia información a la que pueden acceder los estudiantes utilizando el Internet, para desarrollar su capacidad de análisis, reflexión y diálogo, de tal manera, que la escuela ya no sea un espacio dominado por el memorismo, sino el pensamiento crítico.
Esto podemos sintetizarlo en que la educación actual, a diferencia del siglo anterior, no memoriza datos y en su lugar, enseña a los estudiantes a utilizar esos datos para analizar, cuestionar, evaluar información -que puede ser verdadera, falsa o imprecisa- para elaborar una respuesta al problema con sus propios argumentos. Esto le dará al estudiante -futuro ciudadano- un pensamiento crítico con responsabilidad y autonomía.
Valorar el pensamiento crítico en el estudiante, tiene una estrecha relación con el ciudadano en un mundo de continuos cambios. Un ejemplo de esto, lo puede hacer el profesor en el aula, al contarles cómo ha cambiado la comunicación, el uso del teléfono móvil, un aparato que sus abuelos quizás desconocían y sus padres tuvieron acceso a ese equipo recién cuando eran profesionales. Y darles trabajos para que los estudiantes pregunten a sus padres de como ha cambiado la ciudad donde viven.
No tener miedo a la IA. Señalar que la inteligencia es propia de los humanos. Y las máquinas nos ayudan, no nos reemplazan.
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