La mosca de la fruta se ha convertido en una amenaza para los cultivos frutícolas debido a que su daño ocurre dentro del fruto, donde las larvas deterioran la pulpa y provocan que el producto pierda valor comercial. Frente a este problema, un proyecto regional desarrolla acciones de control y capacitación para reducir la presencia de esta plaga en diferentes zonas productoras de Ayacucho.
Fredy Chuchón, técnico del proyecto de control de la mosca de la fruta, explicó que la intervención busca controlar dos especies principales: la Ceratitis capitata y la Anastrepha, insectos que afectan principalmente a los frutales y generan pérdidas económicas para los agricultores.
El especialista señaló que una de las principales dificultades para enfrentar esta plaga es que el daño no siempre es visible en una primera etapa. La mosca deposita sus huevos en los frutos y, cuando las larvas nacen, empiezan a consumir la pulpa hasta provocar su deterioro.
“Cuando la larva consume la fruta, prácticamente llega a podrirse y ya no sirve”, explicó Chuchón, al señalar que este proceso afecta directamente los ingresos de los productores que dependen de la venta de sus cosechas.
Para reducir la propagación de la plaga, el proyecto aplica tres estrategias de control. La primera es el control cultural, que consiste en recoger los frutos caídos y evitar que permanezcan en el suelo, debido a que estos pueden convertirse en espacios donde la mosca complete su ciclo de reproducción.
Según el técnico, esta medida permite interrumpir las etapas de huevo, larva y pupa, por lo que recomendó que los agricultores adopten esta práctica de manera permanente dentro de sus parcelas.
Otra estrategia es el control etológico, mediante el uso de trampas que atraen y capturan a los insectos adultos. Para ello se utilizan productos comerciales como levaduras torula o Ceratrap, aunque también se emplean alternativas elaboradas por los propios productores con sustancias fermentadas como chicha de jora, chicha de molle o restos de cerveza.
El proyecto regional desarrolla estas acciones en las provincias de Huanta, Huamanga, Páucar del Sara Sara, Cangallo, Vilcas Huamán y Víctor Fajardo, donde se realizan jornadas de capacitación y sensibilización dirigidas a los productores.
Chuchón indicó que el control de la mosca de la fruta requiere la participación constante de los agricultores, debido a que las medidas preventivas aplicadas en campo son determinantes para evitar que la plaga complete su ciclo y continúe afectando la producción frutícola.
La presencia de esta plaga representa un desafío para la agricultura frutícola, debido a que su manejo depende de acciones coordinadas que permitan reducir la reproducción del insecto y proteger la calidad de los frutos destinados al mercado.
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