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Comercios en Ayacucho promueven comida chatarra y agravan la crisis nutricional, advierten especialistas

Cuando cae la noche en Ayacucho, el aroma a fritura se impone en las calles. Hamburguesas, salchipapas y pollo broaster son las opciones casi únicas para miles de familias que buscan cenar rápido y barato. En una ciudad donde la oferta saludable prácticamente ha desaparecido, comer bien se volvió un privilegio.

La nutricionista Marianela Pérez Vargas, con más de 20 años de trabajo en salud pública, describe lo que ya es una emergencia silenciosa:

“No hay opciones sanas. La gente no tiene dónde elegir. En las noches, se podría decir que el 95 % de los locales ofrece solo comida chatarra. Estamos enfermando sin darnos cuenta”.

El Día Mundial de la Alimentación busca promover la seguridad alimentaria, pero en Ayacucho —una de las regiones con mayores índices de anemia, desnutrición y obesidad infantil— esa fecha expone una contradicción dolorosa: no se pasa hambre, pero se come mal.

Según la FAO, más del 51% de los hogares peruanos vive en inseguridad alimentaria, y los últimos reportes nacionales advierten un aumento simultáneo de desnutrición y sobrepeso. Los nutricionistas explican que esto no solo responde a la falta de recursos, sino a la invasión de alimentos ultraprocesados y la ausencia de educación alimentaria.

En Ayacucho, comer fuera de casa es casi sinónimo de comer mal. Las ensaladas, granos o frutas frescas escasean en los menús. En cambio, las grasas saturadas, harinas y gaseosas son parte del consumo diario.

“Lo más grave es que la gente cree que está comiendo bien porque no pasa hambre. Pero el cuerpo se está deteriorando poco a poco”, alerta Pérez.

La especialista insiste en que la crisis tiene raíces más hondas: el Estado no promueve hábitos saludables ni garantiza acceso equitativo a alimentos frescos. En los colegios, los temas de nutrición existen solo en papel, y los docentes no cuentan con formación ni recursos para enseñar alimentación sana.

“Las personas no eligen necesariamente comer mal, sino que no tienen otras opciones. En el centro de la ciudad y en los alrededores, casi todos los comercios venden frituras, harinas y bebidas azucaradas”, explicó la nutricionista, quien alertó que la falta de alternativas sanas afecta sobre todo a jóvenes y trabajadores que dependen de la comida del día.

Mientras tanto, la región carece de suficientes profesionales en nutrición para abordar el problema desde la base. El Colegio de Nutricionistas propone crear una Escuela Profesional de Nutrición en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, como una medida urgente para enfrentar la emergencia sanitaria que se extiende sin ruido.

“Comer chatarra no es una elección libre, es una consecuencia de lo que el sistema ofrece. Celebramos el Día de la Alimentación, pero la población está atrapada entre el hambre y la mala nutrición. Y eso también mata, solo que más lento”, sentencia Pérez.

Según los profesionales consultados, la ausencia de una oferta equilibrada responde tanto a la falta de educación alimentaria como a la búsqueda de rentabilidad de los comercios, que priorizan productos de rápida venta. Además, advirtieron que las campañas públicas de concientización son insuficientes frente a la expansión del consumo de comida ultraprocesada.

“Estamos normalizando las cenas con gaseosa y fritura, cuando deberíamos fomentar alimentos naturales y accesibles”, añadieron los especialistas, recordando que el Día Mundial de la Alimentación invita a reflexionar sobre el derecho a una dieta sana y sostenible, algo que en Ayacucho aún parece lejano.

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