La importancia del Estado como forma político-militar del capital aparece cuando el capital necesita poner orden en las disputas interburguesas internas con otras burguesías y sus respectivos Estados, o si se quiere con la jerarquía de orden imperialista que los ordena según su fuerza socioeconómica y militar. Pero sobre todo, el Estado es imprescindible en los momentos en los que la clase dominante necesita de su ejército para saquear las riquezas y recursos de otros pueblos, sobreexplotar su fuerza de trabajo e imponer condiciones a su burguesía para que, por esa mezcla de miedo e interés, colaboren con el invasor.
La teoría de la crisis y con ella la de las violencias y las guerras, aparece de forma embrionaria en los primeros textos marxistas porque es inherente a la dialéctica que los vertebra y por tanto a la praxis revolucionaria. La violencia estatal es radicalmente denunciada en 1842-43 cuando Marx defiende el derecho consuetudinario de los bienes comunes privatizados por la burguesía. La afirmación de que las fuerzas productivas devienen fuerzas destructivas está en la Ideología Alemana de 1845. La importancia de la guerra aparece en las valoraciones sobre la derrota de 1848-49, y en el Manifiesto Comunista de ese 1848 leemos:
“…opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes. […] Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. […] ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas”.
En el Prólogo de 1859 Marx escribió que: “Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social”.
En la correspondencia entre Marx y Engels durante la elaboración de los borradores de El Capital, obra en la que “la guerra” aparece conceptualmente de mil formas, Marx define a la rama productora de armas como “industria de la matanza de hombres”. En el capítulo XXIV del Libro I de El Capital Marx escribió en cursivas lo siguiente: “La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva. Es, por sí misma, una potencia económica”. En el Libro III de El Capital, Marx enumera las seis principales contramedidas que contrarrestan la caída tendencial de la tasa media de ganancia: Elevación del grado de explotación del trabajo. Reducción del salario por debajo de su valor. Abaratamiento de los elementos del capital constante. La sobrepoblación relativa. El comercio exterior. Y el aumento del capital accionario.
En El Anti-Dühring de 1878, Engels escribió: “El ejército se ha convertido en finalidad principal del Estado, ha llegado a ser fin en sí mismo; los pueblos no existen ya más que para suministrar y alimentar soldados. El militarismo domina y se traga a Europa […] toda revolución victoriosa ha tenido como consecuencia un gran salto moral y espiritual”.
La militarización ciega actual de la industria de la matanza humana, que es el sostén de la OTAN, ya estaba enunciada en estos textos; marxistas posteriores enriquecieron y ampliaron esta crítica según se pudría el modo de producción capitalista: la Gran Depresión de 1873-1893 y con ella el final de la fase colonial, el inicio del imperialismo y la guerra mundial de 1914-18; la Gran Depresión de 1923-1939 y la guerra mundial de 1940-45; la Gran Depresión de 2007 hasta ahora y el clima de pre guerra mundial, y eso que nos hemos referido solo a los “grandes conflictos”.



