InicioNACIONALDe Biden a Trump: Caída o reciclaje del imperio | ESPECIAL

De Biden a Trump: Caída o reciclaje del imperio | ESPECIAL

La Guerra de Ucrania no debió sorprender a ninguno de los gobernantes europeos, y menos a los de la OTAN. Desde la disolución de la Unión Soviética, en 1990, Rusia intentó que los acuerdos entre las dos superpotencias del mundo bipolar, la URSS y EE. UU., se mantuvieran y que se cumpliera la promesa de George Bush padre a Gorbachov: la OTAN no avanzaría una pulgada hacia la frontera rusa.

Pero esto quedó en letra muerta. Primero, la Unión Europea, brazo económico y político de la alianza militar del Atlántico Norte dirigida por Estados Unidos, comenzó a incorporar a los países que dejaban el Pacto de Varsovia: primero Polonia, luego los países bálticos y, finalmente, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumanía.

Yugoslavia se resistió a ingresar a la Unión. La federación de los eslavos del sur se convirtió en el campo de experimentación de la Unión Europea para aplicar métodos de destrucción a estados que englobaban varias naciones. Para ello, era necesario destruir Yugoslavia exacerbando los conflictos étnicos y religiosos.

La prensa occidental, especialmente la europea, inició una campaña de satanización contra los serbios, armó a los bosnios y croatas, e impulsó la guerra de los Balcanes, que terminó con la explosión de Yugoslavia y su fragmentación en varios estados, muchos de ellos fallidos. La OTAN participó activamente y bombardeó durante varias semanas Belgrado, la capital de Serbia.

Control de los mares que rodean Rusia

Geopolíticamente, para la OTAN, especialmente para Inglaterra y Francia, Rusia siempre ha sido un país muy grande, poco poblado y con grandes recursos naturales que sus empresas quisieran explotar. El periodo en que Rusia formó parte de la Unión Soviética impidió un conflicto armado directo, pero tras su desintegración, las ambiciones británicas y francesas se hicieron sentir en el seno de la UE y la OTAN.

Rusia tiene tres salidas al mar: San Petersburgo, que la conecta directamente con Europa occidental pero queda cerrada durante el largo invierno nórdico; Vladivostok, en el extremo oriental, con salida al Pacífico, alejada de los centros industriales rusos y con muy poca población; y Sebastopol, en la península de Crimea, en el mar Negro, que, tras la disolución de la URSS, quedó en manos de Ucrania.

Controlar el Báltico no era sencillo: había que convencer a dos países con política de neutralidad durante la Guerra Fría: Suecia y Finlandia. Mientras tanto, en el mar Negro se organizaron “revoluciones de colores” para derrocar a gobiernos históricamente vinculados a Rusia.

Tanto Ucrania como los países caucásicos tienen una fuerte presencia de rusoparlantes que se comunican en este idioma, su lengua materna. Incluso, dos presidentes importantes de la URSS procedían de estas regiones: Josef Stalin, georgiano, y Nikita Jrushchov, ucraniano.

Para la Unión Europea, los recursos energéticos de Rusia resultaban estratégicos, especialmente el gas que cruzaba Ucrania, Hungría y Polonia, además de los gasoductos Nord Stream I y II, diseñados para abastecer a Europa. Sin embargo, en la perspectiva de Estados Unidos y sus aliados, el control de estos recursos debía recaer en ellos.

De Euromaidán a la guerra civil y la operación militar especial

La guerra actual, iniciada como una operación militar especial por Rusia el 24 de febrero de 2022, tiene raíces más profundas. El control del mar Negro ha sido un objetivo colonialista de ingleses y franceses desde el siglo XVIII, culminando en la Guerra de Crimea (1853-1856).

Esta crisis comenzó con la “revolución” impulsada por Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama, apoyando protestas en Kiev con el respaldo del Partido Nacional Socialista de Ucrania. Tras derrocar al gobierno acusado de ser prorruso, las nuevas autoridades prohibieron el idioma ruso y persiguieron a periodistas y seguidores de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

En respuesta, Rusia anexó Crimea tras un referéndum donde más del 90% de la población votó a favor de unirse a la Federación Rusa.

El conflicto se ha extendido cerca de tres años, con enormes pérdidas humanas y materiales en Ucrania, cuya economía depende del financiamiento de Estados Unidos, mientras crece el rechazo interno a esta política.

Genocidio en Gaza con el aval de Washington

La destrucción de la Franja de Gaza, la cárcel abierta más grande del mundo, por parte del ejército de Israel, forma parte de políticas de limpieza étnica desarrolladas por el sionismo desde el siglo XX.

Esta guerra desigual, donde civiles palestinos enfrentan al ejército mejor armado de la región, se ha cobrado miles de vidas, mientras Israel niega la entrada de ayuda humanitaria.

Con la paz como un objetivo cada vez más lejano, las consecuencias de estas guerras seguirán moldeando la política global.

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