La misma se basa en el “compromiso con la cooperación internacional, el multilateralismo y un orden mundial abierto, resiliente y basado en normas” con el objetivo de revitalizar las economías, asegurar la “prosperidad defendiendo un comercio más libre”, “proteger nuestro planeta apoyando una revolución verde”, fortalecer “alianzas con otros en todo el mundo”, entre otras cuestiones.
Las transformaciones en la economía capitalista a lo largo del siglo XX oscilaron entre crisis y guerras de carácter mundial poniendo en jaque el sistema en su conjunto. Ello demandó acuerdos o “consensos” para la mediación de los intereses, creándose en paralelo nuevos instrumentos políticos e instituciones de carácter internacional.
El periodo de guerras bélicas transcurrido durante 1914-1945, decantó en la imposición del dólar/oro como referencia monetaria a nivel internacional y la formación en paralelo de una nueva estructura política y diplomática mundial, resumida en el Acuerdo de Bretton Woods. Dicho acuerdo creó organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Así es como surgieron programas específicos de recuperación económica y salvataje, como el Plan Marshall.
Las transformaciones siguieron su curso hasta la década del 70’ con la imposición del dólar cómo patrón de referencia mundial con la definición de Richard Nixon, presidente de EEUU, de desvincularlo del oro. En ese marco se fortalecen los instrumentos financieros con la promoción del endeudamiento público-privado, acompañado en muchos casos de gobiernos dictatoriales en América Latina.
En ese contexto se crearon instituciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un organismo de cooperación internacional compuesto por 38 Estados; y, luego de la crisis del petróleo, empieza a tomar forma el G7. Ambas sirvieron como parlamento internacional para mediar los intereses de los grupos económicos y la definición de las políticas a escala planetaria.
En 1989, con la caída de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), la operación se repite nuevamente con el surgimiento del Consenso de Washington. Fue Jonh Williamson, economista británico, quien presentó las 10 propuestas destinadas a las economías latinoamericanas, entre las cuales figuran la disminución del gasto público, el aumento de las tasas de interés, la liberalización de las importaciones, la promoción de la inversión extranjera directa, las privatizaciones de empresas estatales y el fortalecimiento de los derechos de propiedad.
En ese sentido, Mariana Mazzucatto, representante de Italia en la comisión de Resiliencia Económica del G7, comentó en un reciente artículo que “los líderes mundiales tienen una opción simple: seguir apoyando a un sistema económico fracasado, o deshacerse del Consenso de Washington y reemplazarlo con un nuevo contrato social internacional”.
La intelectual sostiene que “la alternativa es el “Consenso de Cornwall”, recientemente propuesto. Mientras que el Consenso de Washington minimizó el papel del Estado en la economía y presionó a favor de una agresiva agenda de libre mercado, desregulación, privatización y liberalización comercial; el Consenso de Cornwall invertiría esos mandatos”.
El panel del G7 sobre Resiliencia Económica, una de las comisiones internas del organismo, recomendó al grupo a través de un informe “un nuevo consenso que priorice el papel de los gobiernos en la configuración de las economías y las asociaciones público-privadas que pongan el objetivo de economías resilientes, sostenibles e inclusivas al frente y al centro”.
En él recomiendan políticas estratégicas a implementar, basadas en la creación de “asociaciones simbióticas público-privadas que compartan tanto los riesgos como las recompensas” en el área de la salud, el financiamiento de las “tecnologías verdes emergentes como el hidrógeno verde y la fusión nuclear”; y “la cooperación internacional en seguridad cibernética para abordar las principales amenazas a las cadenas de suministro y la infraestructura”.
Así, la capacidad del sistema capitalista de reconvertirse y ampliar sus fronteras productivas se renueva ante cada crisis, creando propuestas de acción política de los estados a escala global. A través de sus organismos e instituciones, bajo argumentos de recuperación económica, resiliencia social y cuidado del medio ambiente, despliegan su política de injerencia y dominación territorial. La historia nuevamente se repite.



