Han concluido los juegos bolivarianos especiales. Se han cumplido con las actividades del Bicentenario de la Batalla de Ayacucho: desfile cívico militar en la Plaza mayor de Huamanga; ceremonia y escenificación de la batalla en la Pampa de Ayacucho. Durante los meses previos, hubo foros, eventos académicos y profesionales, así como presentación de libros. Todo bajo el logo del bicentenario. Y, así termina la celebración de los 200 años de la Batalla de Ayacucho.
El gobernador regional de Ayacucho -y también nen menor medida el alcalde de la provincia- tiene que dar cuenta de sus gestiones y su participación en los principales actos de esta conmemoración, al margen de sus ideas, resentimientos, angurrias de poder y otros traumas.
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¿No hubo ninguna obra relevante para que se perennice en la memoria de los ciudadanos el Bicentenario? Porque del Centenario de la Batalla de Ayacucho si había un recuerdo perenne en la ciudad hasta que un desmemoriado alcalde le quitó el nombre de la Avenida Centenario, que recordaba ese aniversario y le cambio por mariscal Cáceres.
La ciudad de Ayacucho, ya no es la pequeña ciudad de 1924, pero llegó a comunicarse con carretera y tren, con Lima en ese centenario. Cincuenta años después esa comunicación se amplió con el teléfono de discado directo. ¿Qué nos deja hoy? ¿Qué gestionó ante la señora Boluarte para Ayacucho por el Bicentenario?
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No lo sabemos, y quizás nunca se sepa. Lo más probable es que no haya gestionado nada. Y si le dieron algunas promesas, no le dieron el presupuesto requerido.
¿Pudo haber conseguido que la carretera Ayacucho Pisco fuera priorizada? Por supuesto que si, dada la importancia de la fecha y la necesidad de dar facilidades para que vengan visitantes en este fin de semana tan largo. Pero la carretera sigue igual.
Su cercanía al poder pido utilizarlo para algunas obras necesarias en el centro histórico de la ciudad, como por ejemplo para la construcción de la sede para el gobierno regional, fuera del centro histórico, para evitar las continuas marchas de protesta en el centro de la ciudad y que siempre terminan en plantones frente al frontis del gobierno regional. Pudo hacerlo, pero no lo hizo.
El problema es que el gobernador regional no vive en Ayacucho y por tanto, no conoce los problemas ni entiende lo que pasa en la ciudad capital de la región. Es, digamos, un turista frecuente y nada más.



