En las próximas elecciones, el Perú no solo decidirá quién asumirá la presidencia y el nuevo Congreso, sino también el rumbo geopolítico del país en un contexto internacional marcado por tensiones y reconfiguraciones de poder.
Un hecho reciente refleja este escenario: la reunión convocada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 7 de marzo en Miami, donde participaron mandatarios latinoamericanos afines a su política exterior. El encuentro, realizado fuera del marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), evidenció una nueva estrategia de Washington hacia la región.
En esa cita se presentó una organización denominada “El Escudo de las Américas”, liderada por Trump, con el objetivo de fortalecer la seguridad regional, combatir el narcotráfico, frenar la migración ilegal y contrarrestar la influencia de China. Sin embargo, el Perú no fue invitado.
Entre los asistentes figuraron presidentes como Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador) y Daniel Noboa (Ecuador), además de otros líderes y representantes de la región. En contraste, mandatarios como Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Claudia Sheinbaum (México) no participaron y han cuestionado acciones recientes de Estados Unidos en América Latina.
Este escenario revive debates sobre la influencia estadounidense en la región, comparada por algunos analistas con políticas del siglo XX. En ese contexto, la decisión electoral en el Perú adquiere una dimensión internacional: definir si el país mantiene una política exterior independiente o se alinea con alguno de los bloques en disputa.
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