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“Estamos traduciendo conocimientos ajenos en vez de fortalecer los propios”

Educación Intercultural Bilingüe en crisis:

A más de cinco décadas de la creación de la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) en el Perú, formalizada desde 1972, especialistas denuncian que el modelo no ha logrado consolidarse como una herramienta de empoderamiento cultural e identitario para los pueblos originarios. Lejos de eso, señalan que la EIB ha quedado reducida a una práctica decorativa, que traduce conocimientos ajenos en lenguas originarias sin responder a la realidad sociocultural de los estudiantes.

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Así lo afirma José Montoya Ccaicuri, especialista en Educación Intercultural Bilingüe y miembro de Chirapaq, Centro de Culturas Indígenas del Perú, quien denuncia que «la EIB, tal como se implementa hoy, está colonizando mentalmente a nuestros pueblos. Traducimos contenidos ajenos al quechua, pero no partimos desde nuestra cosmovisión. Eso no es interculturalidad”.

Montoya explica que hasta el 2004 la EIB se enfocó casi exclusivamente en la enseñanza del idioma. Sin embargo, el enfoque no era de fortalecimiento lingüístico, sino de traducción literal de contenidos foráneos.

 

“Bonito sería que los textos nazcan del pueblo, pero no. Simplemente tradujeron materiales ajenos a nuestras realidades, sin vincularlos a las vivencias, tradiciones o conocimientos de las comunidades”, precisa.

Este vacío contribuyó a una percepción negativa de la EIB dentro de las propias comunidades. Según Montoya, muchos padres de familia e incluso docentes consideran que esta modalidad es “atrasada, privatizadora o desconectada de la modernidad”.

A la desinformación se suma la resistencia interna del propio sistema educativo. El especialista denuncia que muchos docentes no están formados para aplicar la EIB de manera consciente ni comprometida.

“Para algunos, ser parte de una escuela EIB solo representa recibir un bono adicional. Y aunque en los documentos tienen horarios y sesiones de lengua originaria, en la práctica no se aplica”.

Montoya también alerta sobre un problema estructural: la formación docente. La mayoría de profesores egresan de universidades como la San Cristóbal de Huamanga sin preparación específica en EIB. Otros, aunque formados en institutos pedagógicos especializados, terminan cediendo a la presión de una cultura dominante que margina lo indígena.

 “Salen como cascarones vacíos; terminan olvidando lo que aprendieron porque no hay conciencia de quiénes son ni de lo que representan”, señala.

Pese al panorama desalentador, existen esfuerzos concretos que sí responden al enfoque original de la EIB. Montoya destaca experiencias positivas en localidades como Carampa, provincia de Víctor Fajardo, donde los docentes trabajan de la mano con la comunidad, respetando el calendario agro-festivo-ritual y los conocimientos ancestrales.

“Así debe ser. Si fortalecemos nuestro idioma y cultura, también fortalecemos nuestra autoestima como personas”, reflexiona.

Montoya hace un llamado urgente a toda la región de Ayacucho y al Estado: “La EIB no es solo para primaria o inicial. Es un derecho humano. Todos somos quechuas, chanka o asháninka, y merecemos una educación que parta de nuestras raíces. No se trata solo de enseñar en lengua originaria, sino de enseñar desde nuestra cultura. Solo así será posible hablar de interculturalidad real”.

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