territorios, recursos y mercados a través de la fuerza. El conflicto Rusia – Ucrania ha facilitado el cierre de filas en torno a la voluntad de Washington, con el compromiso de todos los socios de más gasto militar, algo que antes del conflicto generaba reticencias. El aumento del despliegue militar estadounidense en Europa y la designación de Rusia como “amenaza más significativa y directa” no son anuncios de más paz, sino preludio de más tensión, de más confrontación. También lo es la definición de China como “desafío” a los “intereses y valores” de la OTAN. Washington arrastra a las naciones europeas a su choque con el gigante asiático para conquistar la hegemonía que ha ido perdiendo en el mundo. Y el coste económico de todo ello para Europa es ya visible.
Hay que entender las dinámicas de las relaciones internacionales siempre con un mapa sobre la mesa. América es una inmensa isla. EEUU está muy lejos de Europa. El resto del mundo está prácticamente unido por vía terrestre: Europa, Oriente Próximo, Asia, hasta llegar al Pacífico y África, separada por solo 14 kilómetros de Europa. Las condiciones geográficas, la cercanía, invitaban a establecer y priorizar las relaciones comerciales entre los vecinos. En los últimos años algunos países europeos buscaban una buena vecindad con Rusia, pretendiendo evitar conflictos, tensiones y al mismo tiempo extrayendo las ventajas de la cercanía geográfica en busca de beneficios económicos a través del mercado del gas. Es el caso de Alemania. Las relaciones comerciales entre Alemania y Rusia iban a fortalecerse con la apertura del gasoducto Nord Stream II, construido en los últimos años. Washington se resistía ante ese escenario e hizo lo imposible para evitarlo.
Hoy, Europa es más débil política y económicamente que antes, y está más subordinada a Washington. Por ello el presidente estadounidense pide a Bruselas que resista, que asuma sus directrices, que se convierta en escenario de la escalada con el envío de más tropas estadounidenses a Europa. Desde su posición de privilegio y desde su lejanía geográfica es fácil. EEUU está trazando su estrategia en Ucrania a costa de los intereses de parte de sus socios europeos. Alemania, Francia e Italia han dado muestras de ser conscientes de los peligros que enfrentan, mientras otros países europeos parecen contentos de estar hoy más sometidos que ayer a intereses ajenos y contrarios a los suyos.
La OTAN es la herramienta con la que Estados Unidos controla Europa e intenta acceder al control de Eurasia y evitar que Rusia se adelante en esa carrera. Con sus más de ochocientas bases militares, diseminadas por todo el planeta en más de 70 países,
EEUU refuerza su influencia, preserva sus intereses políticos y económicos, asegura sus rutas comerciales y la posibilidad de hacerse con recursos en territorios lejanos. Cuando las bases no son suficientes, las estrategias, advertencias y operaciones de la OTAN rematan la estrategia. Cuenta para ello con las naciones europeas que integran la alianza militar.
Terminada la cumbre en Madrid, la OTAN es percibida de otro modo. Genera miedo y desconfianza. La OTAN nos invita a celebrar el rearme, la escalada bélica, los muros más altos. El sur global tiene memoria de las operaciones militares atlantistas lanzadas en nombre de la democracia y la libertad. En Irak, Libia o Afganistán hay hombres y mujeres con gran conocimiento de la Historia reciente. Entienden mejor que cualquier occidental medio las dinámicas de la geopolítica, porque la han sufrido en su propia carne. Estamos en uno de los momentos más difíciles y delicados de las últimas décadas, con el auge del pensamiento único y la estigmatización de posiciones críticas.
Ante el conflicto en Ucrania hay dos opciones: dialogar, pactar, negociar, construir estructuras de seguridad y de no agresión mutua o apostar por la escalada bélica, por el refuerzo de la OTAN, por la perpetuación de la guerra y el riesgo de agresión entre potencias nucleares. Europa deja así en sala de espera la posibilidad de desarrollar su autonomía estratégica. El avance en los caminos de los derechos humanos, el cuidado del planeta, de la igualdad, y la paz tendrán que esperar. Lo que importa hoy, es la militarización de las mentes.



