InicioCOLUMNISTAS¿Hay fuerza moral suficiente para frenar la corrupción? | Opinión

¿Hay fuerza moral suficiente para frenar la corrupción? | Opinión

Mario Zenitagoya | Otra Mirada
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“No has de aceptar un soborno, porque el soborno ciego a hombres de vista clara y puede torcer las palabras de hombres justos”. (Éxodo 23:8)

Según una visión a la IA, para combatir la corrupción en Perú, se requiere una estrategia integral que combine la participación ciudadana (denuncias, fiscalización digital, vigilancia social) con la fortalecimiento institucional (reforma policial, controles, declaraciones juradas), educación ética desde la familia y la escuela para un cambio cultural profundo, y la exigencia de sanciones efectivas para romper la impunidad, promoviendo líderes honestos y transparencia en todos los niveles.

Analistas, escribidores sobre la corrupción manifiestan que las soluciones para la corrupción son integrales y se centran en la prevención, detección y sanción, incluyendo fortalecer leyes anticorrupción, aumentar la transparencia (acceso a información, auditorías digitales), fomentar la ética y educación en valores, promover la participación ciudadana, implementar controles internos, facilitar denuncias seguras y aplicar justicia sin impunidad, recuperando activos y castigando ejemplarmente a los responsables para generar una cultura de integridad.

El problema de la democracia en el Perú | Opinión

Durante estos últimos tiempos, y ahora que transitamos en un nuevo año 2026, se siente que no hay promoción de líderes, las organizaciones sociales, debilitadas por diversas razones, ya no forjan liderazgo como tiempo atrás. ¿Se ha involucionado?, los historiadores de la ciencia política aducen que el desarrollo de las sociedades es espiral, hay contradicciones y que con el tiempo surgen los cambios(nada es eterno) al menos en política. La historia universal registra los acontecimientos. La desidia, el desinterés en inmiscuirse en la vida política, hace que la corrupción se haya generalizado.

Al conocerse la convocatoria para las elecciones regionales y municipales este año, en la redes se van observando los “mismos rostros” que ya tuvieron su oportunidad. ¿Es imposible generar nuevas figuras referentes de honestidad en la vida política?

Haciendo el ejercicio de la memoria, tiempo atrás Ayacucho era conocida como la ciudad de las tres T (templos, temblores y terrorismo), luego un alto “calificativo” de gran consumidor de bebidas alcohólicas y algo más. En estos tiempos de tecnología y la IA, el “chip” de razonamiento parece ser que a mucha gente no le motiva emprender la corriente del cambio. ¿Estamos siendo absorbidos por la sumisión, el conformismo y la corrupción?

“No has de aceptar un soborno, porque el soborno ciego a hombres de vista clara y puede torcer las palabras de hombres justos”. (Éxodo 23:8)

Hace miles de años, la Ley de Moisés condenó el soborno. A partir de entonces, se han multiplicado a lo largo de los siglos las leyes contra la corrupción, pero no se ha logrado ponerle freno. Todos los días se pagan millones de sobornos, y miles de millones de personas sufren las consecuencias. Es el rostro actual del país.

“La corrupción es como una densa niebla de contaminación que desmoraliza a la gente”, se lamenta el abogado parisino Arnaud Montebourg.

Inevitablemente, quienes más sufren la corrupción y los estragos económicos a que esta da lugar son los pobres, que casi nunca están en condiciones de sobornar a nadie.

El Papa Francisco en vida reiteraba en sus visitas, “la corrupción no es más que una forma de opresión”.

¿Por qué deciden las personas ser corruptas, en lugar de honradas? Para algunas quizá sea la manera más fácil de conseguir lo que quieren, si no la única. El soborno puede ser a veces una manera cómoda de eludir el castigo. Mucha gente observa que los políticos, los policías y los jueces parecen pasar por alto la corrupción o hasta practicarla, por lo que sencillamente siguen su ejemplo.

Al aumentar la corrupción, se hace más aceptable, hasta que al final se convierte en un modo de vida. La gente que cobra salarios muy bajos llega a creer que no les queda otra opción. Tienen que pedir sobornos si quieren vivir decentemente. Y cuando no se castiga a quienes obtienen o pagan sobornos para conseguir una injusta situación de ventaja, son pocos los que están dispuestos a ir contra la corriente.

Hay dos fuerzas poderosas que siguen alimentando el fuego de la corrupción: el egoísmo y la avaricia. Como consecuencia del egoísmo, los corruptos pasan por alto el sufrimiento que causa la corrupción a otras personas, y justifican los sobornos sencillamente porque les benefician. Cuantos más beneficios materiales obtienen, más avariciosos se vuelven. Satán quiso corromper a Jesús, pero fue imposible. ¿Tenemos fuerza moral suficiente para seguir su ejemplo?.

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