Estas son algunas preguntas que debemos hacernos frente a la escenificación de la batalla de Ayacucho que se realiza todos los 9 de diciembre desde hace por lo menos 40 años, a iniciativa de un profesor de la entonces Gran Unidad Escolar Mariscal Cáceres, con el buen propósito, posiblemente, de generar una consciencia patriótica entre los jóvenes, pero ha terminado como un acto, más que en lugar de servir para recordar el heroísmo de quienes lucharon en la gesta de Ayacucho, lo ha convertido en un espectáculo.
En pocas palabras, se ha banalizado la epopeya que marco el fin de la dominación española en América del Sur y que concluye con la capitulación de Ayacucho. El uso de uniformes preparados con los colores del ejército real del Perú y del ejercito patriota, y los movimientos de los “soldados” y “oficiales” durante la representación, no generan sino aburrimiento, cuando no sonrisas y hasta carcajadas de quienes ven el espectáculo.
Desde JORNADA creemos que la celebración del 9 de diciembre, debe ser un homenaje a la juventud latinoamericana. Y lo decimos con fundamento: el ejército patriota estuvo conformada por hombres cuyas edades fluctuaban entre los 18 y 30 años. Salvo el Libertador Simón Bolívar que no estuvo en la batalla por tener que trasladarse a Lima con sus 36 años, los demás tenían menos de 30.
Hablemos de los que lucharon en esa batalla: Ramón Castilla tenía 27 años; José María Córdoba 25 años; Guillermo Miller era contemporáneo de Sucre con 29 años. Agustín Gamarra, con sus 39 años y José de La Mar, con 47 eran los más veteranos.
Pero la tropa, los soldados que participaban en uno y otro bando, eran jóvenes reclutas, que obedecían las órdenes de sus jefes. Luchaban además por sus causas, que no es el momento de juzgarlas. Lo que si está pendientes, es que es la juventud latinoamericana la que merece ser reivindicada como la que nos dio la libertad el 9 de diciembre de 1824.
Y eso no se logra con una escenificación de la batalla de Ayacucho. Eso se logra con un gran festival de la juventud bolivariana y latino americana que se den cita en la Pampa de Ayacucho. Que vengan desde los llanos de Venezuela hasta de la Pampa argentina, pasando por Colombia, Ecuador, Panamá, Chile y Bolivia.



