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La traición disfrazada de amistad: Lo habría captado por Facebook para luego asesinarlo

En el mundo virtual, donde las sonrisas se dibujan en pantallas y las palabras dulces se deslizan entre mensajes, Richard Guzmán Mendoza creyó haber encontrado una amistad sincera. A sus 42 años, confiado en su naturaleza afable, jamás imaginó que ese vínculo forjado en redes sociales sería el preludio de su trágico final. Hoy, su historia es un testimonio crudo de una traición disfrazada de ternura.

Era 2 de julio de 2025 cuando Richard recibió un mensaje. Al otro lado de la pantalla, Jossy Quispe, de 29 años, le pedía que la recogiera a las siete de la noche. Él, confiando en la relación que había cultivado, aceptó sin titubear. Incluso su hija respondió por él, sin imaginar que estaba despidiendo a su padre por última vez.

Minutos antes de las 19:00 horas, Guzmán encendió su moderna camioneta y se dirigió hacia la avenida Circunvalación Norte, en el distrito de Huanta. A las 19:01, se estacionó frente a la vivienda de Quispe. Ella salió con una bolsa, entró brevemente a su casa y luego subió al vehículo, como si se tratara de un encuentro más. Pero no lo era.

El recorrido los llevó hasta Luricocha. La noche ya cubría los cerros cuando, a las 19:36, en una trocha carrozable rumbo al Vraem, Quispe le pidió detenerse. Fue entonces cuando, según la hipótesis fiscal, mostró su verdadero rostro. Junto a cómplices aún no identificados, habrían reducido a Guzmán, lo inmovilizaron y se apoderaron no solo de su libertad, sino también de su destino.

Durante diez días, la familia vivió una angustia lacerante: la ausencia inexplicable, el silencio del celular, la espera interminable.

El 12 de julio, la noticia quebró toda esperanza: el cuerpo sin vida de Richard fue hallado en un acantilado del mirador Monticucho, cerca de la catarata Sirenachayocc, en Luricocha. Estaba sin ropa, con una herida de bala en la cabeza y abandonado como si su vida no hubiera tenido valor para quienes lo traicionaron.

La camioneta, aparente móvil del crimen, fue el señuelo de un plan macabro: una amistad fingida, una emboscada ejecutada con precisión y frialdad. La Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Huanta obtuvo 18 meses de prisión preventiva contra Jossy Quispe, quien enfrenta cargos por secuestro con subsecuente muerte y robo agravado con subsecuente muerte.

La historia de Richard Guzmán no solo indigna por su brutal desenlace. También revela las grietas en nuestra relación con las redes sociales, donde una identidad puede esconder propósitos oscuros. El caso conmueve a Huanta y pone en alerta a quienes aún creen que la confianza puede nacer tras una pantalla sin consecuencias.

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