La audiencia pública de rendición de cuentas, fue utilizada -lo que no sorprende a nadie- por el gobernador regional para mostrar su portátil, una recua de seguidores, que son justamente, lo que Wilfredo Oscorima llama, el montón.
Esta manera de utilizar el poder, es la peor forma de politiquería, a la que ha sido degradado la política, que se entiende como la ciencia y el arte del buen gobierno.
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Pero no podemos esperar otro tipo de conducta de quien cree que gestión y gobierno pasa por el préstamo o intercambio de favores, como es el caso de los relojes Rolex “prestados” a la señora Boluarte, para luego anunciar un sustancial incremento del presupuesto regional.
Eso, en cualquier república que se respete es un delito, pero esperar que Oscorima o Boluarte diferencian el buen gobierno del uso indebido del poder, es como esperar que los cerdos vuelven.
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La enumeración de obras -supuestas o reales- acompañados de gritos y alaridos que recordaban a esas jovencitas que se jalaban de los pelos cuando se presentaban en el siglo pasado las estrellas del rock, desmerece un evento tan importante como es la rendición de cuentas, convertido en un mitin de mala muerte.
La participación de los consejeros uno de ellos llamando reiteradamente “presidente” a Oscorima, agradeciéndole por sus gestiones, era la imagen de Felpudini, el personaje del excelente programa que fue Risas y Sala, solo faltó que luego de su intervención, el jefecito le acaricie con la punta del pie, en ese lugar inferior, donde la espalda deja de ser espalda.
Pero no todo fue circo. La intervención del presidente del Consejo Regional, señalando con claridad las incompetencias del personal designado por el gobernador como la causa de todos los problemas que se presentan, y que son los gobernadores los que deben poner la cara.
No lo dijo pero se entiende, porque Oscorima vive en Lima y viene a Ayacucho de turismo.



