Este es el resultado de relaciones tormentosas, donde el machismo prevalece y la violencia se instala en los hogares. El alcohol, en casi todos estos casos, pone su cuota y hoy no es un atenuante, por el contrario, es un agravante.
¿Cómo cambiar esa conducta machista? Esa debe ser una preocupación permanente el estado y de la sociedad civil. El machismo no es sólo una actitud propia de los varones, sino que está también interiorizada en la mayoría de las mujeres y son ellas las que transmiten estas ideas a sus hijos.
Lo vemos en las madres que al salir a la calle encargan al hijo –puede ser el mayor o no- para que se quede a cargo de la casa: cuida a tus hermanas, es el mensaje, como si ellas solas no pudieran defenderse, y, es más, en ese “cuida a tus hermanas”, hay entre líneas otro mensaje: vigílalas.
Superar esa idea del hombre que protege y cuida y además vigila, se interioriza en los varones y estos, cuando salen del hogar paterno y forman su propia familia, se van a sentir con las mismas obligaciones y derechos: yo protejo, yo cuido, yo vigilo.
La mujer de hoy no es la mujer de hace 50 años, cuando las madres eran niñas. En esos años las mujeres ya habían irrumpido en las universidades, pero en sus hogares seguían siendo “la reina de la casa”, es decir la encargada de las labores domésticas, mientras el marido se dedicaba a la vida social fuera de casa o descansaba luego de un agitado día de trabajo.
El empoderamiento de la mujer ha ido cambiando los roles en las familias. Y, muchas veces, eso no es entendido por una de las partes o por ambas. La mujer sale a la calle y trabaja. La mujer exige que se compartan las responsabilidades del hogar. La mujer exige tener los mismos derechos y obligaciones de sus parejas.
El feminicidio tiene entre sus raíces, esa concepción machista que no ajusta a los roles de la sociedad actual. Y en medio de estas crisis de la familia tradicional, es la violencia contra la mujer –que siempre estuvo presente- que adquiere nuevas dimensiones y termina, como este caso, en la tragedia que destruye tres vidas: la de la mujer fallecida, la del hombre posiblemente condenado a cadena perpetua o 30 años de cárcel, y la niña de 2 años, huérfana prácticamente de padre y madre.



