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Prevención, la palabra olvidada | EDITORIAL

Los daños causados por las últimas lluvias, se han registrado principalmente, en zonas consideradas vulnerables. En otras palabras: lugares de la ciudad que no son aptas para construir viviendas.

Reubicar a las familias que viven en las laderas no es tarea sencilla. Y no es un problema de Ayacucho, sino nacional. Las crecidas de las torrenteras en las ciudades de la costa, generan daños en viviendas e incluso, muertes de pobladores. Pero, pasado el momento, vuelven a construir su vivienda en el mismo lugar.

 

Lo que se necesita son programas integrales de vivienda, y siendo la vivienda digna, uno de los derechos económico-sociales, reconocido por las Naciones Unidas, el Estado no puede rehuir a su responsabilidad, de cumplir con este derecho de los ciudadanos.

Confiar en el mercado, esta bien cuando se habla de las viviendas para la clase media alta y alta, que son la minoría, que viven en urbanizaciones, en viviendas que ellos mismos se las han construido, porque tienen la capacidad de financiar su propia vivienda.

En su contraparte, tenemos una gran mayoría de peruanos, que han conseguido un terreno a través de invasiones de terrenos eriazos, de instituciones públicas e incluso de empresas o propiedades privadas. Estas son las que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Por supuesto que no son todas. De estas, hay que señalar las de más alto riesgo: las ubicadas en los cauces secos de ríos estacionales, que se activan cuando las lluvias se incrementan, pudiendo inundas viviendas e incluso arrastrarlas, como ha sucedido en varias zonas del distrito de Jesús Nazareno en el mes pasado.

En segundo lugar, las ubicadas en las laderas de la ciudad. Y acá también hay que hacer una diferencia, entre las ubicadas en zonas altas y las que están en las cárcavas o cerca de ellas.

Una cárcava es una hoyada en la ladera, por donde discurre en temporada de lluvias las aguas pluviales, causando desprendimientos en las paredes casi verticales que se han formado con el paso del tiempo. Desprendimientos que pueden y embalses que pueden arrasar piedras y arena, afectando las viviendas.

 

En tercer lugar, la precariedad de la construcción. Un informe indica que, en Ayacucho, más del 90% de las construcciones en las zonas urbano marginales, no tienen un plano elaborado por un profesional, y en la mayoría de los casos, es el propio propietario y el albañil los que deciden, no sólo el plano, sino la estructura de la vivienda.

La oficina de catastro tiene la información tanto de las viviendas construidas precariamente como las que se encuentran en las zonas críticas. Atenderlas permitirá evitar tragedias que podamos lamentar.

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