Monseñor Salvador Piñeiro, arzobispo de Ayacucho, destacó que la Semana Santa es un tiempo para revivir la fe y fortalecer los lazos de fraternidad. Piñeiro acotó que esta festividad religiosa es la celebración más importante del año, a la que se le conoce como la «Semana Mayor».
«Es el momento en que celebramos la vida y el sacrificio de Jesús, que vino a enseñarnos el camino y a darnos la vida», afirmó el obispo.
La Semana Santa en Ayacucho es una celebración que atrae, no solo a los locales, sino también a miles de turistas nacionales e internacionales. Piñeiro destacó que la ciudad se llena de fervor religioso, con la participación de las hermandades y las procesiones, y recordó que la Semana Santa es un momento para vivir la piedad y la reflexión.
En cuanto a la afluencia de visitantes, Monseñor Piñeiro expresó su deseo de que aquellos que lleguen durante estas fechas se unan a la tradición religiosa, evitando imponer «ruidos molestos, bailes o frivolidades» que modifiquen el significado de la celebración.
«La Semana Santa es para vivir en oración, respeto y unión», aclaró.
Además, el arzobispo hizo énfasis en la importancia de dar a conocer el verdadero significado de la Semana Santa a los turistas, resaltando la convivencia pacífica en Ayacucho. «Aquí no hay terrorismo ni delincuencia, somos una comunidad de hermanos que vivimos en fraternidad», comentó destacando el lema de la festividad para este año «Somos peregrinos de la esperanza, caminamos con ilusión», inspiradas en las palabras del Papa Francisco.
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Agregó también que la Semana Santa en Ayacucho no solo es una festividad religiosa, sino también una oportunidad para promover la solidaridad y la misericordia. Invitó a los visitantes a participar en actividades de servicio a la comunidad, como visitar hogares de cuidado, hospitales y asistir a los más necesitados.
«Es un tiempo para vivir los signos de la misericordia y el amor fraterno», concluyó.
Finalmente, el obispo señaló que el equilibrio entre la tradición religiosa y el atractivo turístico de la Semana Santa se logra respetando las raíces culturales y espirituales del pueblo, sin dejarse influir por modernidades que puedan desvirtuar la esencia de la festividad.
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