Monseñor Salvador Piñeiro, arzobispo de Ayacucho, se pronunció ante la situación del mantenimiento de los templos coloniales en la ciudad. Aunque Ayacucho es conocida como la «ciudad de las iglesias» debido a la gran cantidad de templos históricos, Piñeiro destacó la falta de recursos y la importancia de un esfuerzo colectivo para su preservación.
Piñeiro explicó que actualmente siete templos están incluidos en proyectos de restauración, con trabajos ya realizados en la limpieza de fachadas y altares, especialmente en los que exhiben el arte barroco ayacuchano. Sin embargo, subrayó que la Iglesia no cuenta con los recursos suficientes para abordar todas las necesidades de restauración. Un ejemplo de ello es el altar de la Virgen de la Inmaculada en la Catedral de Ayacucho, que necesitaba reparaciones urgentes, pero que pudo restaurarse gracias a las donaciones de fieles y el apoyo de un obispo de Friburgo, Alemania.
«Han bajado las ayudas, pero por eso hay que gestionar», comentó Piñeiro, quien también destacó los fieles deben involucrarse activamente en la preservación de sus templos, a través de actividades y donaciones.
Respecto al financiamiento, Piñeiro mencionó que los ingresos provenientes de las limosnas de los fieles son fundamentales para el mantenimiento de los templos, como el pago de servicios básicos y la conservación de las obras de arte.
El arzobispo también destacó la importancia histórica y cultural de estos templos para la región, resaltando que Ayacucho fue un punto de encuentro para las familias religiosas en tiempos coloniales.
«Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero», afirmó, enfatizando la importancia de las pequeñas contribuciones para la preservación del patrimonio religioso y cultural de Ayacucho.
Monseñor Salvador Piñeiro, arzobispo de Ayacucho, se pronunció ante la situación del mantenimiento de los templos coloniales en la ciudad. Aunque Ayacucho es conocida como la «ciudad de las iglesias» debido a la gran cantidad de templos históricos, Piñeiro destacó la falta de recursos y la importancia de un esfuerzo colectivo para su preservación.
Piñeiro explicó que actualmente siete templos están incluidos en proyectos de restauración, con trabajos ya realizados en la limpieza de fachadas y altares, especialmente en los que exhiben el arte barroco ayacuchano. Sin embargo, subrayó que la Iglesia no cuenta con los recursos suficientes para abordar todas las necesidades de restauración. Un ejemplo de ello es el altar de la Virgen de la Inmaculada en la Catedral de Ayacucho, que necesitaba reparaciones urgentes, pero que pudo restaurarse gracias a las donaciones de fieles y el apoyo de un obispo de Friburgo, Alemania.
«Han bajado las ayudas, pero por eso hay que gestionar», comentó Piñeiro, quien también destacó los fieles deben involucrarse activamente en la preservación de sus templos, a través de actividades y donaciones.
Respecto al financiamiento, Piñeiro mencionó que los ingresos provenientes de las limosnas de los fieles son fundamentales para el mantenimiento de los templos, como el pago de servicios básicos y la conservación de las obras de arte.
El arzobispo también destacó la importancia histórica y cultural de estos templos para la región, resaltando que Ayacucho fue un punto de encuentro para las familias religiosas en tiempos coloniales.
«Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero», afirmó, enfatizando la importancia de las pequeñas contribuciones para la preservación del patrimonio religioso y cultural de Ayacucho.
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