Mario Cueto | Opinión de miércoles
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La Universidad está de aniversario y en cada aniversario, se habla de ese pasado de gloria y de la época de oro, de un pasado en que la casa de Castilla y Zamora, implementó un sistema novedoso académico, el ciclo básico, los estudios semestrales y el sistema de crédito, modelo adoptado por las universidades del país, incluyendo la PUCP; sin embargo ese pasado glorioso; no debe robar, el lugar que corresponde a las ideas y corrientes nuevas de calidad académica, de efectivo y real trabajo de investigación, así como de una mejor y mayor proyección e interrelación con la comunidad regional y nacional; siendo necesario, para ello, que la Universidad no pierda esa visión y misión implementada en su creación y reapertura, tampoco adopte una política conformista con sus limitaciones, dificultades y desarticulada relación con la comunidad, como consecuencia del desinterés y ausencia de compromiso e identidad institucional.
En otras palabras, la Universidad requiere, de que sus docentes estén comprometidos e identificados con el quehacer universitario, al igual que el personal administrativo, sin dejar de lado la importante presencia de estudiantes, que cautelen y defiendan su adecuada y actualizada formación profesional, para lograr, revertir o, dicho en otras palabras, reconstruir la Universidad, que debe recuperar ese sitial de institución intelectual y, académico y de investigación, más importante de la región, generadora de grandes ideas, proyectos y acciones, como depositaria de la riqueza cultural, social y económica.
Para este logro, se cuenta con docentes mayormente con doctorado y de maestría, lo que debe significar, que la transmisión de conocimientos y experiencia, sean cada vez mayores y mejores que décadas atrás, y que se sienta y aprecie la diferencia; con quienes tenían solamente títulos universitarios; en el compartir conocimientos y que esos grados, superiores a los títulos, no solo estén expresados en un cartón válido para categorizaciones y mejoras salariales, y otros beneficios, sino que se recuerde siempre y en todo lugar, que los profesionales con estudios de maestría, doctorado y otros máximos de nivel; deben evidenciar los mismos, con un comportamiento ético, solides de valores en forma permanente; mejora pedagógica y de transmisión de conocimientos, compromiso y dedicación, sin que la labor profesional, sea seducida por la ambición personal o de grupo alguno, de tal suerte que los alumnos, aprendan a ser mejores que uno y no peores, porque cuanto más se estudia, se es más sencillo, porque a medida que se estudia, se descubre la grandeza de la ignorancia, como señalaban antiguos pensadores..
En este aniversario, que saludamos, la Universidad siga en ese propósito de lucha contra la pobreza de la tierra, evidenciada en nuestros tiempos, en pobreza no solo material o económica, sino pobreza intelectual, pobreza política-doctrinaria, pobreza cultural y de valores, con ausencia de responsabilidades, compromisos y de identidad plena.
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