Este libro aborda las instituciones informales que los atomizados políticos peruanos han creado y que, a su vez, impiden que surja una política partidaria. Si ya aprendí a sobrevivir siendo tránsfuga, ¿por qué emprendería la costosa tarea de invertir en un partido? No cierran las cuentas. El colapso partidario, entonces, reproduce más colapso partidario.
Ante la ausencia de incentivos para generar partidos, nuestros ambulantes de la política deben conseguir sustitutos partidarios. Algunos aterrizan en universidades-partidos, otros usufructúan un medio de comunicación, y hay puñados de operadores políticos que alquilan un servicio mínimo electoral.
La política peruana ha quedado reducida a su unidad más básica; el candidato rebuscando sitio para la elección de mañana. Como el ambulante que busca cada día una esquina donde ofrecer su mercancía , el político nacional ansía alguna locomotora para la próxima elección. Cuando esta se agota, la abandona y procura otra. El político peruano no hace carrera, sobrevive (palabras en el prefación del libro de Alberto Vergara).
El problema es que son muchos años de mucha gente sobreviviendo como en estos tiempos de pandemia. Ya nadie se acuerda- o no quisiera- acordarse de aquella época en que los políticos permanecían por largo tiempo bajo un techo partidario.
Sobrevivir a salto de mata se ha hecho costumbre, según los politólogos. Es más cuando la costumbre se hace genuinamente predecible encarna en otra cosa.
El libro aborda las instituciones informales que los atomizados políticos peruanos han creado y que, a su vez, impiden que surja una política partidaria. Es decir los “políticos” aprenden a “sobrevivir” siendo tránsfuga y no se encaminan a la dura tarea de invertir en un partido. Es la actual imagen que muestra el Congreso de la República, siendo elegidos por intereses personales forman nuevos grupos sin importarles que el electorado les dio su voto de confianza al estar en un determinado partido político. Es ir contra la ética prefiriendo estar en la piscina de la mediocridad e ignorancia.
Lo ambulantes políticos- como lo califica Alberto Vergara- debe conseguir sustitutos partidarios. Algunos aterrizan en universidades-partidos, otros usufructúan un medio de comunicación, y hay puñados de operadores políticos que alquilan un servicio mínimo electoral.
Una lectura obligada de este libro para estar informado, que tiene una sólida teoría sobre nuestra política peruana. Motivemos a las generaciones nuevas a retomar la grandeza del mundo político para ser testigos del debate de ideas con ideas y no del negociado oscuro y carroñero.



