fracturas muy parecidas a las de entonces: pueblos sigue igual de abandonados y sumado a ello lo que va dejando el covid 19 con la muerte de miles de compatriotas y con políticos obsesionados en intereses propios o de grupo y proliferando vacancia presidencial.
Poco importa la salud y educación y con una economía en crisis.
El caso Uchuraccay se trata de uno de los episodios más recordados del periodo de la violencia armada: ocho periodistas, un guía y un comunero asesinados por los miembros de aquella comunidad de las alturas de la provincia de Huanta (Ayacucho).
Las consecuencias haciendo memoria colectiva, lo que vino en los meses siguientes: ciento treinta y cinco comuneros ucharaccaínos asesinados por Sendero Luminoso y por las fuerzas armadas y, finalmente, la desaparición de la comunidad por la huida de las familias sobrevivientes.
Uchuraccay, no solo por las víctimas sino también porque el caso es fuente de lecciones que todavía no se termina de asimilar. Se podría decir que las fracturas nacionales o abismo social que la masacre de Uchuraccay evidenció de la manera más salvaje siguen vigentes en estos tiempos y que influyen en la sociedad peruana, que debido a la pandemia covid19 ha sufrido cambios en medio de la corrupción generalizada.
Debemos tener presente que los hechos del 26 de enero de 1983 pusieron de relieve, las profundas desuniones de la sociedad y el Estado en nuestro país. Los historiadores, investigadores sociales hablan de un abandono histórico, aquel que se expresa en pobreza extrema y en la privación de servicios públicos básicos educación y salud.
A esa profunda brecha se suma otra, de orden simbólico o cultural, y que atañe no solamente al Estado sino a la sociedad entera: se trata del desconocimiento e incomprensión que separan al mundo urbano del mundo rural e indígena. El sociólogo Edgar Yance manifiesta al respecto “Esas murallas determinan o una negación a ver los problemas del campo desde la ciudad o una visión deformada del mundo rural, que se resuelve en exotismos y prejuicios, o, en el peor caso, una persistente actitud de racismo. Ello también estuvo presente en la imagen que los medios de comunicación y, por extensión, la sociedad peruana urbana o de clase media o situada en la modernidad material, cultivaron acerca de los comuneros de Uchuraccay”.
Por otro lado, cabe recordar que los hechos del 26 de enero de 1983 dieron lugar a un juicio penal y a condenas por los asesinatos de esa fecha. Sin embargo, nunca hubo investigación ni procesos judiciales por las muertes que vinieron después. La justicia fue selectiva entonces y fue amnésica respecto de ciento treinta y cinco ciudadanos sin identidad para el Estado. Sus nombres, sus historias particulares, su ciudadanía solo fueron rescatados oficialmente cuando los comuneros, ya retornados, entregaron la lista de sus fallecidos a la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
El año 2022 no es igual al año 1983. El Perú se ha modernizado materialmente y ha crecido económicamente de manera notoria antes del covid19. Pero es imprescindible recordar lo sucedido en Uchuraccay, como muchos otros casos, a fin de mantener una mirada crítica sobre este acontecimiento. Después de todo, la pandemia de Covid-19, que desbarató rápidamente nuestro espejismo de prosperidad, absorbido por el consumismo, enterrado los valores nos recuerda lo que dijera Mario Vargas Llosa al presidir la Comisión Investigadora del caso Uchuraccay: Que Uchuraccay era parte de un mundo completamente diferenciado del resto del país, congelado en el tiempo, “atrasado y tan violento”, con hombres que viven “todavía como en los tiempos pre-hispánicos”.
Esta historia es una de cientos, que refleja el terror que el partido comunista Sendero Luminoso causó en el Perú. Esta historia queda como un recuerdo colectivo de las atrocidades que no se deben repetir, y que hoy más que nunca debemos luchar en contra. A día de hoy el dolor sigue tangible en la memoria de los habitantes de las zonas afectadas por Sendero Luminoso, y miles de peruanos viven aún con la esperanza de que sus familiares vuelvan a casa.



