Cuando recorres las calles de Huamanga nombre original del actual capital de la región Ayacucho, es fácil remontarse a una época de mucha bonanza dónde se fusionaron dos culturas con costumbres diferentes pero que supieron subsistir y crear un espacio tan acogedor como nuestra ciudad.
Una ciudad con calles estrechas pero encantadoras, una ciudad de grandes casas de dos patios con arquerías internas y fachadas con portadas de ingreso hechas de piedra, una ciudad con parques y plaza y de muchas iglesias, no hay duda de que esconden historias qué pueden haberse perdido, que todavía persisten en la memoria de sus ciudadanos, de sus coterráneos.
No existe nadie que se precie de tener cultura, que niegue a nuestra ciudad como uno de los espacios que alberga innumerables expresiones culturales que deben y pueden recuperarse, para recomponer esa identidad ayacuchana muy venida a menos los últimos 20 años. Esta es una obligación de los ciudadanos y de sus autoridades en priorizar acciones que preserven todos los elementos que han hecho posible que Ayacucho trascienda a través del tiempo.
Tenemos a obligación de identificar todos los elementos que han permitido una ciudad como la nuestra. La educación fue uno de los primeros elementos que impulsaron el desarrollo de la ciudad, la universidad fue ese gran motor que mantuvo a Ayacucho en desarrollo constante y esta deberá significar un espacio que permita dilucidar a donde debemos dirigirnos como sociedad.
Mirar en perspectiva y crear las condiciones para convertir a nuestra ciudad en un punto de encuentro obligado para todo tipo de expresión cultural debería ser uno de nuestros primeros derroteros, esto puede ser el detonante para generar una economía naranja que obligue a todos a preservar esos elementos qué han hecho de nuestra ciudad un lugar inconfundible en los Andes peruanos.
Desde mi perspectiva hay un gran reto que tenemos como ayacuchanos, y es darle el valor que tuvo esta ciudad durante toda la historia del Perú. Tenemos una ciudad de grandes acontecimientos, que alberga ricas tradiciones y expresiones culturales que corran el riesgo de perderse por el propio desinterés ciudadano.
Recuperar la ciudad para los ciudadanos es la tarea compartida entre las autoridades, la ciudadanía y la sociedad civil. Debemos aspirar a tener vecinos que tengan un sentimiento de pertenencia sobre su ciudad, con autoridades que entiendan que el uso adecuado del espacio público beneficia a la población en su conjunto, con el único objetivo de brindar opciones de diversión sana para los jóvenes, niños y adolescentes.
Un futuro cada vez más complejo e incierto tendrá que despertar la imaginación para construir una ciudad de todos y para todos.



