Arturo Parra | QUOD DIXI DIXI
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La ciudad de Ayacucho alberga una historia de resiliencia digno de conocer por todos en nuestra querida tierra. Conocí la épica vida de Crisanto Quispe Rodríguez a través de las palabras de su propio hijo, un relato que no solo es una crónica de triunfo deportivo, sino un testimonio de fuerza y perseverancia que debe ser un orgullo y un ejemplo para todos los alumnos y amigos que tuvieron el privilegio de conocerlo.
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Mi encuentro con esta inspiradora historia comenzó con una charla con el hijo de Crisanto, quien compartió conmigo los detalles de la vida de su padre. Nacido en Huancavelica en 1952, Crisanto tuvo que enfrentarse a la adversidad desde temprana edad. Desplazado por las sombras del terrorismo, encontró en Huamanga, desde 1992, un refugio donde reconstruir su vida y tomar como vocación la docencia de matemáticas en el Colegio San Ramón y Subdirector en el colegio Los Libertadores.
A pesar de haber sido jubilado contra su voluntad después de 25 años de servicio, su pasión por la enseñanza sigue viva, impactando las vidas de quienes tuvieron el privilegio de ser sus alumnos. El relato de su hijo destaca la dedicación y el compromiso de Crisanto en el aula, donde dejó una marca imborrable en las mentes jóvenes, no solo transmitiendo conocimientos académicos sino también inculcando valores de resiliencia y perseverancia.
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La vida de Crisanto dio un giro a los 50 años, cuando fue diagnosticado con diabetes. En lugar de dejarse abatir por la noticia, abrazó la recomendación de correr como medicina para el alma y el cuerpo. Este capítulo de su vida revela la capacidad de transformar la adversidad en oportunidad, descubriendo un talento latente para el maratón.
La historia toma un giro dramático en octubre de 2013, cuando un accidente amenazó con poner fin a sus sueños. Fracturas en las vértebras dorsales 10, 11 y 12 lo dejaron hospitalizado, enfrentando el riesgo de parálisis. La lucha de Crisanto durante los dos años siguientes se convirtió en una epopeya personal contra la adversidad. Su hijo compartió cómo cada día fue una batalla, cada paso un desafío, pero con el corazón inquebrantable, su padre emergió victorioso.
La vuelta a los maratones en 2016 fue un capítulo triunfante en la vida de Crisanto, pero sus logros no se detuvieron ahí. El subcampeonato en el Iberoamericano de 2019 y la medalla de oro en el Campeonato Nacional de Pruebas Combinadas en junio de ese año son testimonios vivos de su inquebrantable voluntad.
Pero más allá de los logros deportivos, el relato de su hijo pone de relieve cómo la historia de Crisanto se convierte en un faro de inspiración para todos. Su vida, marcada por la resiliencia y la superación personal, se convierte en un ejemplo tangible de que nunca es tarde para descubrir y abrazar una nueva pasión, para cambiar el curso de una vida.
Y este domingo 19 de noviembre Crisanto Quispe, consiguió una medalla de plata en el XXI Sudamericano de Atletismo Máster Lima 2023. El maestro, el maratonista, es un símbolo de inspiración que trasciende las fronteras del deporte. El legado que sigue construyendo es un recordatorio poderoso de que, incluso en los momentos más oscuros, la luz de la perseverancia puede guiar el camino hacia la victoria. Su historia debe ser un llamado a la acción, un estímulo para enfrentar los desafíos con valentía y determinación, y un recordatorio de que el triunfo es posible para aquellos que se atreven luchar por sus sueños.



