LA CONSULTA POPULAR

Puedo entender que las pasiones se mezclan en materia política con los sesgos sociales, sin embargo, no entiendo como aquellos que se llaman abanderados de la democracia puede estar en contra de preguntarle a la población sobre los destinos de la patria y el rumbo que ella tomará en los tiempos venideros.

Son los mismos que afirman con descaro que a la pueblo no se le hace caso, sino que se le gobierna y acuden a él solo para buscar su respaldo en las urnas y luego gobiernan de espalda a ellos.

Aquellos que están en contra de una nueva Constitución son libre de hacer campaña por el No, en el referéndum que se avecina, pero no podemos cerrar de antemano las puertas a la consulta democrática de la población, al saberme perdedor.

Ello solo refleja una cosa, el talante antidemocrático y el temor por la pérdida anunciada, saber que la población mayoritariamente va decirle SI a una nueva ley fundamental y con ello el conservadurismo del status quo que se dicen a ellos mismo liberales, temen ver perdido sus privilegios.

Imaginemos que hubiera pasado con referéndums memorables como el ocurrido en Chile el 5 de octubre de 1988 que acabo con la dictadura del Pinochet, si esta consulta hubiera sido sofocada antes que se lleve a cabo, como es propio de un gobierno autoritario, con en efecto existió la intención de hacerlo pero que la presión internacionales frustró.

El gobierno de Pinochet no hubiera jugado limpio, porque en vez de disputar el voto popular como corresponde a un país democrático en campaña, era más fácil negar el referéndum.

Lo que demuestra que hasta las dictaduras tiene sus límites y cálculos políticos razonables que se deben hacer para impedir estallidos sociales como consecuencia de no ser escuchado.

Esa lección no la aprendió Chile, en el año 2019 cuando el gobierno del derechista Sebastián Piñera desoyendo del clamor popular, vivió la mayor crisis social de su historia, al ser puesto contra las cuerdas por una población asfixiada por el modelo económico de profundas desigualdades económicas y sociales que desembocaron en la violencia, hasta el punto que el gobierno tuvo que reaccionar a favor de una nueva agenda social del país, hechos que llevaron a un plebiscito nacional que termino aprobando una constituyente para un nuevo pacto social.

Y es que la derecha no entiende que no se debe esperar la violencia y el desorden social para hacer los cambios que se requieren, que es importante darle las válvulas de escape constitucional a la presión social mediante los mecanismos de consulta popular y dejar que sea el pueblo en ejercicio de su soberanía quien decida lo que mejor para ellos.

Basta ya del paternalismo interesado del Estado de cree saber mejor lo que la población necesita, que los propios ciudadanos que sufrimos las carencias y vicios del sistema.

En una columna anterior había hablado de los hechos que llevaron a la Revolución Rusa, no me refiero a la revolución de octubre promovida por los bolcheviques sino la revolución de febrero de 1917 nacida de la lucha espontanea del pueblo Ruso, esa que provoco la caída del Zar y quien solo entonces quiso dar concesiones a favor del pueblo y la Duma que era el cuerpo legislativo muy limitado por la monarquía zarista.

Por tanto, no esperemos que la población sucumba al caos y la violencia para aprobar los cambios que requiere el país, seamos capaces de tomarle el pulso a la presión social y prever una salida democrática como el referéndum, para actuar conforme los designios de la soberanía del poder originario que es el pueblo.

 

Diario Jornada
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