Esto es sumamente preocupante, porque la mayor cantidad de tierras agrícolas en el departamento dependen de las lluvias estacionales que debieron haber comenzado a mediados de octubre. Este retraso ya significa una pérdida para los productores agrarios.
Son varios los temores que manifiestan los hombres del campo. No sólo el atraso, sino que este sea un año con muy pocas lluvias, insuficientes para llevar adelante una campaña agrícola.
Esto tendría repercusiones muy serias para la economía regional. Afectaría al grueso de la población rural, obligando a las familias a migrar de sus comunidades a las ciudades, en este caso a Huamanga o algunas de la costa como Ica y Lima, en busca de trabajo para alimentar a sus familias.
Si bien este sería el sector más perjudicado, también lo sería la población urbana, especialmente de la ciudad de Huamanga. La carencia de alimentos abastecidos por la agricultura local, obligaría a importarlos de otras regiones, con el aumento del precio de los mismos, afectado la canasta familiar.
Todo esto en un escenario de crisis económica que estamos atravesando y que se proyecta por lo menos para el próximo año, ya que se espera la recuperación recién para el 2022.
En estas condiciones, el gobierno regional, en coordinación con el ministerio de agricultura debería ir tomando las medidas preventivas, teniendo en cuenta este retraso de las lluvias en el departamento.
Una de las primeras debería ser un informe de las tierras bajo riego y el nivel de las reservas de agua, tanto de las pequeñas como medianas represas, de las lagunas existentes, los ojos de agua o puquiales. Por supuesto, por su importancia, de la represa de Cucho Quesera.
Un informe de la situación de los productores agrarios que dependen exclusivamente de las lluvias temporales. No sólo en el campo de la agricultura, sino también en la ganadería, teniendo en consideración la situación del ganado vacuno, ovino y de camélidos sudamericanos de las zonas alto andinas.
Es importante saber cómo estamos y proyectarnos hacia el 2021, para ir tomando decisiones desde ahora, preventivas pero necesarias. No hacerlo, supondría esperar con los brazos cruzados a que nos coja una sequía, que traería como consecuencia hambruna y otros males que afectaría, principalmente a la población rural y urbano marginal.



