Pero no sólo son estos tres poderes. La presidencia del Consejo de Ministros, el órgano ejecutor del poder ejecutivo lo ejerce una mujer, al igual que la Fiscalía de la Nación y el Tribunal Constitucional.
En Ayacucho, donde mujeres han ejercido la presidencia del poder judicial, tenemos ahora a una mujer que dirigirá la Junta Provincial de Fiscales. Pro no se da el valor profesional a las mujeres, por lo menos eso es lo que se percibe cuando revisamos la composición de las gerencias del gobierno regional y de las municipalidades provinciales y distritales.
Esta presencia de las mujeres en la dirección de las instituciones fundamentales de la democracia en el Perú, no coincide con la situación de las mujeres, especialmente en las zonas rurales y los asentamientos urbano marginales de las grandes ciudades.
En esta otra parte del Perú, ese Perú que no aparece en las promociones turísticas, las mujeres siguen siendo excluidas de las oportunidades que brinda la sociedad, una de las cuales es la educación. Para una familia rural, especialmente en comunidades alto andinas y amazónicas, la mujer sigue teniendo como destino ser ama de casa y criar a los hijos.
Esta contradicción debe ser una de las preocupaciones fundamentales de las nuevas generaciones. No es problema de las mujeres y sólo de las mujeres, es un problema de la sociedad en su conjunto. La democracia no puede funcionar si el 50% de la población está excluida, decían las mujeres de principios del siglo XX cuando reclamaban los derechos civiles para la mujer.
La educación de la niña rural, el proyecto que proponía persistentemente nuestro columnista Andrés Solari, es el servicio fundamental que debe brindar el Estado, porque es la educación la que impulsa la movilidad social, es decir salir de la pobreza y por consiguiente de la discriminación.
Estamos orgullosos de tener a mujeres en cargos tan relevantes y avergonzados de la situación en la que viven las mujeres bajo el oscurantismo impuesto por el machismo y en algunos casos, por ideas religiosas fundamentalistas. El Perú no un caso único en esta contradicción. Casi todos los países del tercer mundo, el término sigue siendo válido, viven la misma contradicción: mujeres de clase media y alta, profesionales; y, mujeres de las clases bajas, discriminadas.



