Lo cierto, es que los gobernadores regionales pertenecen en su gran mayoría a movimientos independientes sin mayor filiación política, y en esas condiciones no les conviene ponerse en ninguno de los bandos. Por eso, el apoyo al gobierno, pero pidiéndole que ponga ministros que trabajen de la mano con las regiones, que conozcan su sector y al congreso no estar en la censura tras censura de ministros, que afecta a las regiones de manera directa.
La situación de los gobernadores electos no es tan simple. De prosperar la vacancia de Castillo antes de ue ellos asuman su gobierno, el nuevo mandatario tendrá en cuenta estas declaraciones y si las toma, como lo que son, una declaración protocolar, porque se trata del presidente de la república, la pasará por alto y loc convocará para tomar acuerdos sobre las necesidades de cada una de sus regiones.
Pero conociendo a la extrema derecha, no se puede descartar que los vea como sus enemigos y trate de restarles funciones, tal como sucedió durante la dictadura de Fujimiri, cuando los CTAR -Consejo Transitorio de Administración Regional- que no eran sino dependencias del Ministerio de la Presidencia, controlado directamente por Fujimori.
Hay mucho por delante para los gobiernos regionales y las municipalidades, provinciales y distritales. La ausencia de partidos nacionales les ha quitado el soporte que tenían antes, cuando existía relación con los partidos representados en el congreso. Un alcalde aprista, tenía en el congreso a un congresista aprista de su región y nadie iba a juzgar de tráfico de influencias, si este congresista se interesaba por las obras que el alcalde de su provincia. Los alcaldes de ahora, buscan a todos los congresistas de su región para ver cual de ellos se interesa en sus gestiones, y muchas veces, tras una jugosa coima o diezmo.
Este es el problema de una democracia sin partidos y de un país fraccionado que nada bueno ofrece a las generaciones futuras. Las jornadas del 2020, en plena pandemia contra el presidente Manuel Merino, quedaron en eso: una gran movilización que terminó cuando Merino renunció y fue asumida la presidencia por Sagasti.



