Había que presentar a los pobladores aimaras como criminales y asesinos, que coincidía con las frases del ministro de educación -sigue en el cargo- que denigró a las mujeres aimaras y las comparó con los animales, y señaló que hasta protegen a sus hijos y las mujeres del ande, son peores que las bestias, porque las ponen en peligro llevándolas en sus espaldas a una movilización.
Pero ese no es el tema de este editorial, sino la defensa del pueblo de Juliaca que fue injuriado por la señora presidente de la República, Dina Boluarte; el presidente del Consejo de Ministros Alberto Otarola, el Ministerio del Interior y hasta el Comandante General de la Policía, que acusaron a los pobladores de esa pujante ciudad ubicada sobre los 3 mil setecientos metros de ser los asesinos del policía José Luis Soncco.
Los adjetivos contra los juliaqueños fueron de salvajes, asesinos, criminales, terroristas, y en las redes sociales manejadas por estos medios y grupos de la derecha bruta y achorada, les recordaron su origen indígena y que este comportamiento era algo a que estaban acostumbrados estos pueblos, perverso y por eso ahora quieren el comunismo, para seguir asesinando a los policías.
Pero los resultados de la necropsia indican que José Luis Soncco no murió calcinado dentro de un patrullero. El fue asesinado en otro lugar, y su muerte fue por traumatismo encéfalo craneano (TEC) y trasladado muerto al patrullero, a quien después sus asesinos le prendieron fuego.
Y ahora que dice la gran prensa que se ensañó con el pueblo de Juliaca. Nada. No se han enterado que se encuentra detenido por 18 meses, como presunto autor del crimen, el expolicía Erusbel Jhonatan Apaza, que conformaría parte de una banda que fue denunciada por José Luis Soncco, a quien habrían dado muerte con una piedra.
El informe pericial de necropsia médico legal N° 019-2023, practicado al cadáver del fallecido es contundente y desmiente la versión del gobierno y de manera especial a las palabras de Alberto Otárola, que en su condición de Presidente del Consejo de Ministros, señaló como responsables a personas que viven en Juliaca, y que había sido “quemado vivo” dentro de un patrullero.



