La primera audiencia de rendición de cuentas, de la municipalidad provincial de Huamanga, no tuvo ninguna novedad, al extremo de perderse en generalidades, sin señalar que obras están ejecutando como continuidad de las que estaba en proceso en la gestión anterior y cuales se están iniciando, en función al presupuesto 2023.
Las limitaciones del alcalde se hicieron evidentes, porque no anunció los lineamientos básicos que van a marcar su gobierno. Dijo que se harán obras, pero no precisó de que se trata, teniendo en cuenta que ya debe haberse realizado el presupuesto participativo y a estas alturas, ya debe tenerlo el gobierno regional, para que se comience a discutir en la siguiente legislatura del congreso.
Haremos obras es muy gaseoso, en términos coloquiales, es “vender humo”, y eso es criticable en un político, y Juan Carlos Arango lo es, sino no estaría al frente del gobierno local. Eso de no querer aparecer como político, es la peor excusa que puede utilizar un gobernante, en cualquier nivel del Estado.
Si tiene obras en mente, ya se deben haber propuesto, para que en el presupuesto del 2024 tengan recursos por lo menos para realizar los estudios y perfiles de los proyectos y estos se materialicen en su tercer año de gobierno. Por supuesto, qué los más pequeños, se pueden realizar los estudios y la ejecución de los mismos en el próximo año.
Un tema, que salió en la rendición de cuentas, y que lo han tocado alcaldes anteriores, es el problema de los centros de diversión nocturna. Utilizando el argumento de las amenazas, quiso justificar que no intervenga a centros de distracción nocturna, que deberían ser clausurados.
Acá hay una contradicción sobre que queremos de Ayacucho. Muchos hablan de que debería ser una ciudad turística, en base a su paisaje y clima; los sitios arqueológicos como Wari y Vilcas Huamán; sus templos y casonas coloniales del centro histórico; sus sus barrios artesanales; y lugares históricos como la Pampa de Ayacucho, todo eso son actividades diurnas.
Si queremos que Ayacucho se incorpore al turismo, tiene que ofrecer actividades para que los turistas en las noches, no tengan que aburrirse en un café o se pongan a ver televisión en sus habitaciones. Un turista viene a conocer la ciudad también para disfrutar de su comida, su música y de la alegría de una ciudad, que ofrece diversión en la noche.
Por ejemplo, en lugar de prohibir o amenazar con clausurar los negocios de esparcimiento nocturno, la municipalidad debería promover la música ayacuchana, y eso se promociona en las peñas, más que en los teatros. No tenemos peñas, donde se difunda la música ayacuchana, que es considerada una de las expresiones más importantes de la cultura mestiza peruana.
Además de las peñas, deben funcionar bares, discotecas, karaokes, pub en el centro histórico, bajo una reglamentación especial, como en las principales ciudades turísticas del mundo y dejar de lado esa idea de que estos establecimientos deben funcionar en las zonas alejadas del centro de la ciudad.



