La masiva inmigración de venezolanos ha sacado a luz, desde las profundidades del subconsciente, el odio y temor que se siente ante el extraño, el diferente, que hoy se expresa contra el inmigrante, en quien se personifica a los enemigos, los que trasgreden el orden, y se cree que la expulsión es la única salida en lugar de buscar la integración y la inclusión de ellos en nuestro imaginario social.
El nacionalismo, exacerbado contra todos los que no forman parte de los “nuestro”, ha convertido al peruano en un xenófobo, al extremo de protestar, porque a un extranjero, en este caso un venezolano, herido en el accidente de Anco y sus hijas, reciben la atención médica en el hospital.
Ver con indiferencia a esta familia, que miles de kilómetros de su hogar, llegaron hasta Ayacucho con la ilusión de que el Perú le abriría las puertas, que encontrarían trabajo, hasta que todo volviera al orden anterior, a esa Venezuela anterior a Chávez.
Esa quimera se la vendieron desde el Grupo de Lima, que siguiendo instrucciones de la Casa Blanca implementó la cancillería peruana, durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynskiy que fue alabado por la derecha peruana, la misma que reconoció a Juan Guaidó como el “legítimo presidente de Venezuela”.
El paraíso que les prometían en el Perú buscaba ocultar, que la crisis de Venezuela, era producto de las sanciones económicas impulsadas por los Estados Unidos, embargando a la república bolivariana, todos los activos de su empresa estatal PEDEVSA, la empresa petrolera de lo que un día fue la primera exportadora de crudo en el mundo.
Millones de venezolanos salieron rumbo a Perú, y cruzaron Colombia, Ecuador y terminaron en un país totalmente distinto al que se imaginaron, sin las condiciones de ofrecerles la posibilidad de un trabajo digno, una vivienda decente y una educación y salud, como la que tenían en la Venezuela de Chávez.
Hoy los tenemos acá. Y esa misma derecha, que abrió las fronteras para que vengan los venezolanos, arrastrando sus penas y nostalgias, para que los peruanos vean el futuro que les espera si optan por la soberanía y la defensa de sus recursos y, lo más grave, tener un gobierno que no obedezca las órdenes del imperio.
Ahora, esos mismos que en los diarios y la televisión los presentaban como los héroes contra el comunismo, en su variante chavista, hoy, en los mismos diarios, los han convertido en los enemigos del peruano, a los que no hay que darles ni un vaso de agua.
Todo este odio inoculado por la prensa, que cuando hay un asalto lo primero que destacan es la nacionalidad del delincuente y hacen escarnio si es venezolano, se expresa en la falta de solidaridad con una familia que ha perdido en el accidente de Anco, al centro y eje de una familia, a la madre, y ha dejado niños huérfanos y un padre viudo, que esperaba rehacer su vida en su “nueva patria”.



