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A un año de Juliaca | EDITORIAL

El 15 de diciembre, Ayacucho fue el escenario de la mayor masacre que se recuerda en su historia. Ni en las jornadas del 21 de junio de 1969 fue tanta la cantidad de muertos en un solo día. Hoy, 9 de enero, se recuerda un hecho similar, pero no en Ayacucho, sino en Juliaca, donde en un solo día fueron asesinados 18 peruanos, 15 a balazos y 3 con perdigones.

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Pero, además, muchos quedaron heridos, entre estos, un periodista de una agencia internacional, quien fue herido de un balazo en la pierna por un policía que le exigió que se retire y no tome fotografías.

Esta es una de las razones por las cuales no hay la cantidad de imágenes que si se tiene de la masacre de Ayacucho. Después de este atentado directo contra un policía, los hombres de prensa se replegaron de la zona del aeropuerto, donde la policía actuaba con total impunidad.

La masacre de Juliaca tuvo además un discurso de la presidente Dina Boluarte y del presidente del consejo de ministros, Alberto Otárola, quienes indicaron que las muertes fueron causadas por los “ponchos rojos” venidos de Bolivia, enviados por el ex presidente de ese país Evo Morales.

Además, agregaron que los “ponchos rojos” los mataron con balas dumdum, utilizadas para la caza mayor y que están en la actualidad prohibidas.

Estas acusaciones a Bolivia, era parte de las campañas distractoras del gobierno de Boluarte, a la que se prestaron los grandes medios nacionales, de manera especial el diario Expreso y el Canal Willax, acusando además a los muertos, de hordas terroristas.

Las investigaciones posteriores demostraron que la falacia de los “ponchos rojos” sólo existió en la mente de la presidenta Boluarte y de Otárola, tal como lo han demostrado las investigaciones realizadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otras organizaciones internacionales de derechos humanos.

Vivimos en un país donde se premia al crimen. El congreso de la república, en lugar de censurar a Alberto Otárola por las muertes ocurridas el 15 de diciembre en Ayacucho, le dio el voto de confianza, cuando la presidenta Dina Boluarte lo designó como presidente del consejo de ministros.

Con ese respaldo, es que Otárola, se siente intocable para actuar con la misma violencia con que se hizo en Ayacucho, acusando a supuestos agentes externos como responsables de las muertes en Juliaca, lo que van a repetir en las represiones en Puno y Cuzco.

Pero la verdad se abrió paso, y desde las diversas instituciones internacionales, la condena al gobierno de Boluarte-Otárola, es total.

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