El proyecto de transformación de la cueva de Pikimachay, en Ayacucho, sigue siendo una de las apuestas más importantes del sector turismo de la región, pero las promesas de su pronta inauguración en 2025 generan incertidumbre. La Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo de Ayacucho (Dircetur) aseguró que las once observaciones al proyecto han sido resueltas, y la obra podría concluir en el próximo año, aumentando la afluencia de turistas y mejorando la economía local. Sin embargo, las expectativas siguen siendo altas y las dudas, notorias.
El atractivo turístico, que antes recibía solo 50 visitantes mensuales, ha visto un aumento considerable en su afluencia tras las primeras mejoras, alcanzando los 5,000 a 6,000 turistas mensuales. A pesar de este avance, la culminación del proyecto se enfrenta a varios desafíos, entre ellos la implementación del museo de interpretación, la investigación arqueológica dentro de la cueva y la mejora de la infraestructura de la zona.
La pregunta clave es si estas reformas serán suficientes para atraer a más turistas y garantizar que los beneficios prometidos lleguen realmente a los emprendedores y familias locales. Si bien la funcionaria del sector, Sinthia Caballero, aseguró que el ministro de Cultura está comprometido con el proyecto, el futuro de Pikimachay depende de una serie de factores que aún no están resueltos.
Los residentes de la zona, que esperan que el proyecto impulse el comercio local, se encuentran divididos. Algunos confían en que el incremento de turistas será beneficioso, mientras que otros cuestionan si la región está lista para manejar tal crecimiento sin afectar su sostenibilidad.
Mientras tanto, la incertidumbre persiste. La fecha de inicio de la segunda fase del proyecto sigue en espera de la resolución final del Ministerio de Cultura, dejando a todos en vilo sobre si Pikimachay logrará convertirse en el referente turístico que tanto se ha prometido o si, por el contrario, será solo un sueño no cumplido.



