Dentro de 15 años, es decir a la vuelta de la esquina Ayacucho cumplirá 500 años de su fundación como San Juan de la Frontera de Huamanga. Es un acontecimiento muy importante, porque nos ubica entre las principales ciudades fundadas en el siglo XXI.
De la etapa colonial, pese a todas las criticas y condenas a los 300 años de dominación española, Huamanga que en algún momento el cronista Pedro Cieza de León señaló que tenía “las mejores casa de estos reinos”, está arquitectura que es el principal atractivo turístico y que marca la personalidad de la ciudad, está en peligro de perderse.
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No se trata de conservar las casonas por conservarlas. El paisaje urbano de Huamanga, y preferimos llamarla con el nombre que se la fundó y se la conoció y aún muchos así la denominan, está definido por sus calles estrechas, sus casonas altas pero solo de dos pisos, con tejado de arcilla cocida, de balcones y ventanas de madera y portones gruesos de madera. El primer piso con bóvedas para soportar el pesado segundo piso.
Esas casonas quieren conocer quienes vienen a Ayacucho, porque se imaginan que los pobladores de esta ciudad, han sabido preservar su patrimonio monumental.
Pero no es así. Tenemos que lamentar, que al ritmo como de van demoliendo casonas, llegaremos a los 500 años con un paisaje arquitectónico que no tenga nada que recuerde a esa ciudad que era una de las mejores del Perú colonial.
¿Qué hacer para que esto no ocurra?
Se requiere crear entre la población de la ciudad de Huamanga un sentimiento de identidad con su pasado y el patrimonio monumental de la ciudad. Esto pasa por tener autoridades comprometidas con preservar el centro histórico, prevista las áreas de amortiguamiento y el espacio urbano moderno. Hacer de Ayacucho donde convivan la “vieja” ciudad con el Ayacucho republicano y la modernidad en sus nuevas urbanizaciones. Eso es posible. Por supuesto que sí.
Conservar el paisaje urbano de permitirá tener los argumentos suficientes para postular a la ciudad como patrimonio Monumental de la humanidad, a la que otras ciudades latinoamericanas fundadas en los primeros 50 años del siglo XXI.
Pero hay que empezar desde ahora. Quince años se pasan volando y ocurrirá lo mismo que el bicentenario. Es el momento de que se comience a unir esfuerzos públicos y privados, en esa tarea de preservar la ciudad con miras a los 500 años.



