Lalo Quiroz | El Partero
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A más de cuatro siglos y medio, aún no existiría consenso sobre la fecha y lugar exacto en que se fundó la ciudad de Huamanga. Lo cierto es que el documento descubierto por el historiador Guillermo Lohmann Villena, en el Archivo General de Indias (Sevilla), señalaría que don Francisco Pizarro, un miércoles 29 de enero de 1539, fundaría y poblaría –a nombre de la Corona Española— la villa de “San Juan de la Frontera de Huamanga”. Esta “villa”, según testimonia el historiador Raúl Rivera Serna en su Libro del Cabildo de la ciudad de San Juan de la Frontera de Huamanga 1539-1547, se fundaría sobre el territorio de Quinua; pero luego la población y las autoridades se trasladarían a Pukaray, donde finalmente se establecerían el 25 de abril de 1940. Es por ello que para algunos la fecha de fundación sería el 29 de enero de 1539; mientras que para otros –en virtud de dicho cambio— sería el 25 de abril de 1940, fecha en la que se redactaría un Acta al respecto, contenida en el Segundo Libro de Cabildo de Huamanga. En relación a la población inicial de Huamanga, durante la colonia, presumiblemente habría estado compuesta por un número limitado de colonos españoles y una gran población indígena local sujeta al régimen de encomiendas; empero, más de dos siglos después –y más aún, después de la etapa colonial—, esta realidad empezaría a cambiar y su centro motor de la actividad social y económica se centraría en un nuevo actor: La Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga – UNSCH. Esta universidad, con categoría de Real y Pontificia, sería fundada en 1677 por el Obispo Cristóbal de Castilla y Zamora, de la Diócesis de Huamanga; y, su creación, refrendada el 21 de diciembre de 1680, por el rey de España Don Carlos II y confirmada, mediante Bula Pontificia, por el Papa Inocencio XI. Aunque, tras poco más de doscientos años de funcionamiento, sería clausurada; pero reabierta, ochenta años después, reiniciando sus labores académicas el 03 de julio de 1959.
A partir de ese momento, la relación entre la UNSCH y la ciudad de Huamanga adquiriría una interdependencia casi otológica y tendría un significado sustancial para el desarrollo económico y el dinamismo social, intelectual y cultural de la ciudad. Sin embargo, desde su apertura, la fecunda actividad intelectual y el profundo debate ideológico –sobre todo a partir de disciplinas como la filosofía y las ciencias políticas—conllevarían a la conformación del PCP-SL y al inicio del ILA; y, tras la intervención de las FF.AA., desembocaría en un conflicto armado y una violencia política que sumiría a la ciudad de Huamanga y a su universidad en su peor crisis. Durante el régimen de Alberto Fujimori en la década de 1990, como una forma de desmantelar el ‘pensamiento senderista’, reduciría o eliminaría –a través de una reforma curricular profunda— asignaturas como Filosofía, Ciencia Política y Educación Cívica en universidades y colegios; asimismo, tras el autogolpe de 1992, se intervendrían las universidades públicas y se cambiarían las mallas curriculares –para reducir la influencia de tales asignaturas que dotaban de una comprensión crítica de la realidad social— con el fin de reemplazarlas por una visión educativa por competencias y más técnica. El D.L. N° 882, Ley de Promoción de la Inversión en la Educación, facilitaría la creación de universidades con fines de lucro y promovería una visión mercantilista de la educación, priorizando cursos técnicos o funcionales sobre los humanísticos; mermando el pensamiento crítico en favor de una “educación para el trabajo”. La UNSCH no sería la excepción. Así, tras el periodo de violencia de los ochentas y noventas, la UNSCH no sólo tendría que sobreponerse a la crisis de infraestructura y servicios y cargar con el estigma de una universidad ‘senderista’; sino, además, tendría que adecuarse raudamente y comprometidamente con el modelo impuesto de cuño neoliberal.
A pocos días de que, la Muy Noble y Leal Ciudad de Huamanga conmemore sus 486 años de fundación y en medio de las distintas actividades y eventos públicos que se avecinan, la Federación Universitaria y el Tercio Estudiantil de la UNSCH –como ya es costumbre— “tomarían” varios locales de la universidad; una medida de protesta, por la crisis académica, administrativa e infraestructura que vendrían padeciendo los más de trece mil estudiantes. Lo cual, estaría «vulnerando gravemente los derechos básicos del servicio público de la UNSCH» y sería producto de años de inoperancia, ineficiencia e incompetencia por parte de ciertos funcionarios de las anteriores y de la actual gestión de la universidad. Si bien, ya desde hace algún tiempo, la UNSCH habría dejado de ser ese motor que activaría los engranajes de la economía de la ciudad –dejándole pase al turismo y recursos naturales como el cacao, café y otros menos lícitos—; no estaría demás imaginar, a la universidad siendo capaz de recuperar su esencia en la búsqueda de la verdad y del conocimiento, y volviendo a colocar a Huamanga como un foco intelectual. Y no esperar que, los troncos que sostienen las vigas de esa casona del saber se vengan abajo, ante la mirada contemplativa de los hombres, las mujeres y la tierra que la vieron nacer.
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