Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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Celebramos el Día de la Tierra, con la finalidad de sensibilizar, socializar y buscar el compromiso de sus habitantes, de la población toda, a fin de cuidar, proteger y defender la madre tierra, el hogar grande en el que todos, sin distinción, vivimos, disfrutamos y aprovechamos de sus recursos, es decir, de la naturaleza, conformada por la flora, la fauna, así como del medio ambiente; lo que significa que todos debemos asumir responsabilidades, para que el hogar de todos, que heredamos y hemos de dejar a nuestros descendientes, se mantenga ordenado y en condiciones habitables.
Por ello, en nuestro caso, en una ciudad que proclama su religiosidad, considero necesario recordar al papa Francisco, quien mencionó la necesidad de proteger el medio ambiente y a los que más sufren, precisando que “somos parte de la naturaleza; nos atraviesan los mismos dinamismos físicos, químicos y biológicos que a los demás seres que comparten el mundo con nosotros”. Sin embargo, por la modernidad y desarrollo, la naturaleza; se ha convertido solo, en una cantera para el dominio, para la explotación económica, frente a lo cual el mismo Papa, añadió “trascender con la naturaleza no significa que podamos romper gratuitamente con su dinámica (…) si no se respetan las leyes que la naturaleza lleva en sí, entonces, la actividad humana es destructiva, produce caos, es decir, se da una segunda forma de incultura, un nuevo caos capaz de destruir el planeta y la humanidad”.
Entonces, en el Día de la Tierra, tenemos que asumir el desafío de contribuir a una nueva sabiduría ecológica, que entienda el lugar del hombre en el mundo, a partir del sentido común, poniendo en práctica, nuevas y mejores formas de alimentarnos, de festejar, en el caso de Ayacucho, las fiestas patronales, dejando de lado, el excesivo empleo de pirotécnicos que, a la postre, será saludable para la vida de todos los seres vivientes y de nuestra arquitectura, pues, con las detonaciones, la estructuras de las casonas, se van debilitando, al margen de que los efectos pirotécnicos, que emocionan, alegran, como símbolos de festejo, culto y religiosidad, nos llenan de sustancias contaminantes, tóxicas, debido al empleo de pólvora y elementos químicos; por ello es reflexiva la frase “Ninguna tradición por encima de la razón, ni del sentido común”.
La celebración del Día Mundial de la Tierra, coincide con la proximidad del aniversario de refundación, de la otrora ciudad de Huamanga, hoy Ayacucho, cuyos festejos se dan en un ambiente de tensiones y de una falta de respeto a la propia ciudad, a sus valores históricos, a su identidad y a su condición de patrimonio monumental, debido a que, por obra y gracia de la municipalidad de Huamanga, su rostro e imagen señorial y más importante, que es la Plaza Mayor, es utilizada permanentemente, como un mercadillo, debido a la incapacidad, ignorancia, desfachatez e hipocresía, que asiste al alcalde y funcionarios que lo rodean, y al mercantilismo que genera, al ser convertida en un centro de propaganda y publicidad, de instituciones públicas y privadas, con stands así como banderolas y paneles ubicados en los balcones, iluminaciones en Navidad y Año Nuevo, que desdicen su condición de ciudad histórica. El alcalde y alguno de sus funcionarios, pasaron por DIRCETUR, donde no aprendieron nada de turismo ni de patrimonio cultural.
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