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Adultos mayores de Huamanga denuncian exclusión social y abandono: “Dimos lo mejor por el país y ahora ni siquiera nos dan una oportunidad de trabajo”

Adultos mayores de Huamanga han alzado la voz para denunciar la exclusión y el abandono que enfrentan en la sociedad actual. Muchos de ellos, tras haber dedicado su vida al trabajo y al desarrollo del país, hoy se sienten marginados, olvidados por sus familias y desprotegidos por el Estado.

“Ya no confío en nadie. La gente nos grita como si no entendiéramos. Nosotros también somos personas que sentimos y, cuando más lo necesitamos, nadie nos tiende la mano”, expresó uno de los participantes, quien prefirió mantener el anonimato.

La mayoría sobrevive sin pensión ni empleo, dependiendo de la ayuda limitada de sus hijos o nietos, si los tienen cerca. Encuentran en pequeños cursos y espacios culturales una oportunidad para sentirse útiles y valorados, pero fuera de estos momentos, la realidad es dura: la falta de acceso a empleos, incluso en actividades ligeras, los hace sentirse excluidos e invisibles ante la sociedad.

“Cuando éramos jóvenes dimos lo mejor por el país, pero ahora ni siquiera nos dan una oportunidad de trabajo”, lamentó una expositora de tejidos artesanales.

El abandono que sufren no es solo material, sino también emocional. Muchos adultos mayores rechazan la ayuda que se les ofrece porque sienten que aceptar apoyo es como pedir limosna, lo que afecta su dignidad y autoestima. Esta actitud es resultado de años de indiferencia y maltrato, incluso dentro de sus propias familias.

Frente a este panorama, Richard Bautista Rivera, gerente encargado de Desarrollo Humano de la Municipalidad Provincial de Huamanga, destacó que desde la municipalidad se están generando espacios y actividades para revalorar a los adultos mayores y dinamizar su economía.

“Queremos garantizar que este grupo vulnerable tenga un valor importante y más aún en estas fechas conmemorativas. Buscamos que puedan vender sus productos hechos en los talleres y llevar a casa por lo menos una moneda para dinamizar la economía”, mencionó el funcionario.

Bautista Rivera también mencionó la existencia de campañas de salud, dotación de lentes y talleres de manualidades, así como un espacio en Jr. Libertad con el Jr. Lima donde los adultos mayores pueden realizar actividades culturales y económicas. Sin embargo, hizo un llamado a la sensibilidad de las familias:

“Algún momento nosotros vamos a llegar a ser adultos mayores y lo que ellos merecen es respeto. El adulto mayor recibe protección del Estado y del gobierno local, pero también debe ser atendido dentro de la familia, no abandonarlos ni olvidarnos de ellos”.

La situación revela una problemática social profunda: para muchos adultos mayores de Huamanga, la vejez no representa descanso ni respeto, sino una lucha diaria por sobrevivir. Hacen un llamado urgente a la sociedad y a las autoridades para que se reconozcan sus derechos y se les brinden oportunidades reales de integración y vida digna.

Huamanga registra más de 3,600 adultos mayores y crecen los casos de abandono

Caminan descalzos en la madrugada, duermen en las calles y rechazan la ayuda que llega tarde. Son adultos mayores abandonados, invisibles para sus propias familias y, muchas veces, también para el Estado. En Huamanga, el número crece y las soluciones escasean.

“Las denuncias de abandono son frecuentes, pero cuando intervenimos muchos no quieren dejar la vida que llevan. Están acostumbrados al maltrato o al olvido”, cuenta Estefanía Alvarado, responsable del CIAM Huamanga, una oficina que atiende a más de 3,600 adultos mayores, la mayoría en condiciones precarias.

En épocas de frío como esta, el peligro aumenta. Pese a los esfuerzos por vacunarlos y darles abrigo, hay quienes siguen deambulando desprotegidos. Y aunque la comisaría de familia puede intervenir, el proceso es largo y depende de la voluntad del adulto mayor y de una orden judicial.

“No somos el programa Pensión 65, atendemos a todos, asegurados o no. Pero hay límites. El problema es estructural: el abandono ya se ha normalizado”, afirma Alvarado.

En Huamanga existen dos centros habilitados para acoger a personas mayores en abandono: el asilo del jirón 9 de diciembre, administrado por una congregación religiosa, y el Centro de Atención Residencial para Personas Adultas Mayores, a cargo de la Beneficencia Pública, ubicado frente al Museo Cáceres.

Ante el aumento de casos, el CIAM recordó que los ciudadanos pueden activar un protocolo de atención inmediata al identificar a un adulto mayor en situación de abandono. El procedimiento inicia con una alerta a la comisaría de familia, que opera las 24 horas, o al personal de serenazgo. Estas entidades verifican la situación y, de ser necesario, notifican al Ministerio Público para que se determine el traslado a un albergue o se ordenen medidas de protección.

“Los ciudadanos pueden y deben intervenir avisando a un sereno o yendo directamente a la comisaría de familia. Muchas de las intervenciones que hemos realizado han sido gracias a ese primer aviso”, informó Alvarado.

La mayor urgencia no está en más programas, sino en una sociedad que se ha acostumbrado a mirar para otro lado mencionó la especialista.

“Los hijos se han desentendido. Les dejamos el número de la comisaría o les decimos que hablen con los serenos, pero la indiferencia sigue”, lamenta la funcionaria.

Mientras tanto, el frío no espera. Y los adultos mayores siguen allí: en las bancas, en los mercados, en las esquinas, esperando —sin saberlo— que alguien los vea.

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