El artista plástico y exprofesor de la Escuela de Bellas Artes Felipe Guamán Poma, Felipe López, advirtió sobre el progresivo vaciamiento simbólico del espacio público en Ayacucho, que ha pasado de ser un lugar de encuentro y tradición a convertirse en un escenario dominado por el espectáculo.
“El espacio público es un lugar geográfico dentro de la ciudad que todos usamos. Es fundamentalmente un espacio de socialización”, afirmó López, quien alertó que hoy se discute muy poco su uso adecuado y que las instituciones se muestran pasivas frente a este problema.
Durante la Semana Santa, dijo, se evidencia con claridad el conflicto entre expresiones religiosas tradicionales y el entretenimiento desbordado, especialmente con actividades como el Jalatoro.
“En Semana Santa, por única vez en el año, se discute qué hacemos con el espacio público. El Jalatoro trae consumo de alcohol, desbordes de la juventud, mientras por otro lado están las procesiones y el recogimiento religioso. ¿Cómo armonizamos esos dos mundos?”, cuestionó.
López consideró que gran parte del turismo joven no busca conocer las tradiciones ni participar de la religiosidad ayacuchana.
“Vienen para el Jalatoro, para pasar toda la noche del sábado al domingo, pero no están presentes en la procesión de Pascua. Vienen a divertirse, no a conocer nuestra cultura”, lamentó.
El artista también señaló que Ayacucho vive los efectos de lo que denominó “la civilización del espectáculo”, donde todo se convierte en consumo visual. “Las procesiones también se han vuelto un espectáculo. Antes había cuatro en la semana; ahora hay todos los días, menos el jueves. Ya no se participa, se observa”, señaló.
Por ello, exhortó a las autoridades locales a ampliar la oferta cultural durante todo el año y no solo en fechas claves.
“Debemos diversificar las actividades en espacios como la Plaza Mayor, el jirón 28 de Julio y los otros jirones que desembocan en la plaza. No todo debe concentrarse en un solo punto ni girar alrededor del espectáculo”, informó.
Finalmente, Felipe López subrayó que el espacio público no debe ser entregado al consumo y la banalidad.
“Es el lugar donde se construyen costumbres y memoria. Si lo convertimos solo en escenario de juerga o vitrina turística, perdemos lo esencial: la convivencia y el respeto mutuo”.
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