la mirada del primer hombre en la cueva de Pikimachay, que por alguna razón tomó la decisión de asentarse en estas tierras y que seguro se proyectaba frente a la incertidumbre del día a dia con esperanza, miraba futuro en cada amanecer, en cada ocaso, en cada recurso que encontraba o que descubría y en cada momento de paz, satisfacción y de seguridad que le brindaba este territorio.
Si miráramos como ese primer hombre, o mejor aún, si sintiéramos como ese primer hombre, que aprendió a querer y reconocerse parte de este territorio, otra sería la historia de nuestra bella región.
Todos los vestigios históricos desde épocas inmemoriales, los datos históricos acumulados, las costumbres vivas que todavía se conservan y que están por perderse, deben de ser razón suficiente para poner todas las energías en recuperar, promover, poner en valor, conservar y promocionar lo inconmensurable que tenemos.
Todo lo que vemos y que en cierta forma nos hace sentirnos orgullosos se complementa con el recurso natural como el clima, la biodiversidad en flora y fauna, el recurso paisajístico que está escondido, olvidado o descuidado y todas las características propias que hacen de esta región un lugar muy especial.
En agosto sabremos quiénes se ponen al frente para mostrarnos con sus promesas un porvenir diferente, uno de ellos será el que asumirá en enero del 2023 el liderazgo para dirigir nuestro futuro.
En consecuencia el contexto histórico es diferente, porqué esa responsabilidad es de todos, está en nuestras manos, depende de nosotros a quien pongamos al frente, depende de nosotros a quien le daremos la confianza de ser el próximo hombre de Pikimachay que decidirá el futuro y porvenir de nuestra tierra.
¿Nos haremos responsables de esa tarea que cada cuatro años nos devuelve la historia? ¿Habremos aprendido de todos los errores acumulados estos años para elegir bien a nuestras autoridades? No pierdo las esperanzas que si lo haremos, no siento que todo esté perdido, podemos retomar el rumbo.



