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Campaña regional se calienta | Editorial

Los nombres de los candidatos a la gobernación de Ayacucho comienzan a aparecer en varios espacios, como muros en las zonas periféricas de la ciudad, así como en las carreteras al norte, sur, este y oeste, partiendo desde Ayacucho.

La primera impresión es que los candidatos, o tienen ingentes recursos como para hacer una campaña con posibilidades de ganar las elecciones, o, por el contrario, han conseguido quienes le financien sus campañas electorales.

La primera opción, de contar con una suerte de significativa fortuna, como destinar un monto aproximado de 2 millones de soles, que es mas o menos lo que han gastado algunos ex candidatos a la gobernación, debe escrutarse seriamente por los organismos que velan por el éxito y pulcritud de los procesos electorales.

Varios expertos en temas electorales, han señalado, en más de una oportunidad -no refiriéndose directamente a un caso particular- que en las campañas electorales regionales y municipales existen sospechas de que el narcotráfico, la mimería ilegal y la corrupción actúan como financistas.

Los altos costos de las campañas electorales para gobiernos regionales y municipales realmente deberían ser mínimos, ya que los candidatos, se supone, son personas conocidas por los ciudadanos de su región, provincia o distrito. No estamos hablando de aventureros que buscan el cargo para medrar de los recursos o satisfacer su narcisismo.

Las regiones y los municipios son instancias del estado, que acercan el estado -a través de los gobiernos subnacionales- a los ciudadanos. Por supuesto que lo ideal es que sean militantes de un partido político, pero el requisito fundamental, es que sean ciudadanos dignos de respeto y de una honestidad, que cualquiera de los electores debe reconocer.

En tal sentido, no debería ser un espacio para corruptos, que buscan llegar al gobierno regional o local, para seguir haciendo de las suyas con las arcas fiscales. Si fueron corruptos en gestiones anteriores, ya los conocemos. Y por eso, debemos sepultar ese lema que acompañaba (por lo bajo el gobierno corrupto de Fujimori): No importa que robe, con tal de que haga obra.

Esta frase resume el grado de perversión a la que llegó la política en el Perú. El robo de los fondos del estado, destinado para obras, hace daño no sólo a los que deberían beneficiarse de esas obras, sino a la moral ciudadana. Un país de gobernantes corruptos, es incapaz de perseguir a los delincuentes.

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