Manuel Gonzales Prada, el maestro de las juventudes, como lo calificó Víctor Raúl Haya de la Torre y los anarco sindicalistas de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, sigue siendo vigente frente a algunos hechos que continúan ocurriendo en nuestra patria.
De Gonzales Prada tomamos, prestada la frase, “donde pones el dedo salta la pus”, y que mayor cercanía, cuando esta corrupción se da en un sector tan sensible, como es salud, que tiene que ver con uno de los servicios más importantes que brinda el estado: la salud de la población.
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Desde hace más de una semana, el destape de la corrupción en el hospital regional de Ayacucho, detectado por la contraloría general de la República, ocupa las portadas de los diarios, o es la noticia del día.
Los cargos, en que se han involucrado, especialmente los funcionarios que dirigieron este centro hospitalario y de las áreas relacionadas con contabilidad, administración y personal, son los delitos de organización criminal, cohecho pasivo propio y peculado doloso agravado, al haber destinado recursos del hospital regional para el pago de planillas, por encima del sueldo que les correspondía. Este incremento se dio sin ningún respaldo legal que lo sustente.
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La corrupción en el país, viene desde la colonia y hubo momentos, en que este cáncer social, degradó profundamente a loa política peruana, como fue el periodo del despilfarro de las arcas públicas, enriquecidas por la exportación del guano de las islas y la explotación del salitre en Tarapacá, que terminó con la guerra del pacífico.
Justamente, la frase de Gonzales Prada, fue pronunciada evaluando nuestra república, la derrota en la guerra y el daño que ello significó al país.
En el siglo XX, en medio de dictaduras orquestadas por la oligarquía peruana, el saqueo de las arcas fue la orden del día. El tarjetazo, los caciques provinciales y departamentales, fue una constante del manejo del país, y de otros gobiernos latinoamericanos, que llevó a caracterizar nuestro atraso como producto de una lumpen burguesía en el poder.
Pero hay una época siniestra, que fue el decenio que gobernó Alberto Fujimori, donde la corrupción se convirtió en un sistema, que lo hemos heredado y lo han aplicado los gobiernos del siglo XXI, en los tres niveles de la administración: nacional, regional y local.
Una de las frases que se ha posesionado en la mente de los peruanos, para avalar y naturalizar la corrupción es “déjenlo trabajar, roba, pero hace obras”, que es el modelo “pragmático” de gobernar.



