En el 2023 la Oficina de Derechos Humanos del Periodista (OFIP) de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú (ANP) a través de un reporte daba a conocer que se produjeron 352 ataques a periodistas y medios de comunicación.
Esta es la mayor cifra registrada en lo que va del presente siglo, seguida por los récords del 2022 (303 casos) 2020 (239) y 2007 (212).
Un año que inició (2023) con dos meses de álgida movilización social, el mes de enero registró el mayor número de agresiones (102 casos).
El ataque contra periodistas con mayor incidencia por segundo año consecutivo fue la amenaza u hostigamiento, con 138 casos registrados; le sigue la agresión física y verbal con 127.
No faltaron Las trabas de acceso a la información y cobertura periodística con 25 casos lo que constituye la tercera afectación.
También fueron registrados discursos estigmatizantes (14), intimidación judicial (10), detenciones (8), afectación laboral (9), robo (9), amenaza legislativa (6), tentativas de homicidio (3) y ciberacoso (3).
«Mención especial requieren las 6 amenazas legislativas registradas durante el 2023, entre ellas la insistencia en leyes mordaza (del congresista Segundo Montalvo, de Perú Libre, que pretende elevar penas por difamación) y la penalización de la difusión de informaciones de investigaciones fiscales o procesos penales», señala la ANP.
LAS AMENAZAS NO SE DETENDRÁN
Las amenazas y la búsqueda de silenciar la libertad de prensa no se detendrán, partiendo de un Congreso desacreditado. Desean silenciar a como dé lugar la investigación periodística.
No se puede dejar de mencionar a Javier Darío Restrepo quien consideraba como columna de un buen periodismo la ETICA PERIOÍSTICA.
Fue un 3 de diciembre de 1932 cuando en medio de las montañas del bello municipio antioqueño de Jericó nació este hombre destinado a convertirse en el decano de la ética periodística en Colombia.
Decidió dedicar la mayor parte de su vida al servicio a la comunidad como sacerdote católico, sin pensar que esta experiencia y la formación filosófica que recibiría en el seminario le serviría después para sentar cátedra sobre la estrecha relación entre la ética y la que resultó ser su verdadera pasión: el periodismo. Recordemos sus principios en estos tiempos no se vende fácilmente la conciencia o línea editorial por un puñado de dinero.
Consideraba que el periodismo que dignifica la profesión es aquel que sirve a la parte más noble del ser humano y aporta a la vida de la sociedad, que impulsa cambios y hace mejores a las personas.
Más que regulación, un código ético traza el perfil ideal del periodista, o sea, el máximo en excelencia personal y profesional que se puede llegar a ser.
Es un periodismo dañino y de baja calidad el que se hace desde las trincheras de algún partido o candidato, sin conciencia profesional.
Fue puntual al mencionar que un periodista, NO ES UN PUBLICISTA NI UN RELACIONISTA PÚBLICO. ES DESACONSEJABLE, POR TANTO, COMBINAR ESTAS ACTIVIDADES.
Informar con honestidad, dando la lucha diaria por la independencia, es la práctica que distingue a los mejores periodistas, que son los más dignos y los más honestos.
Es una ilusión esperar que el periodismo pueda convertirse en una burbuja protectora para el periodista, desde donde se pueda contemplar el espectáculo de la historia diaria como desde un palco de primera fila.
Cuando el periodista se alindera o atrinchera, disminuyen su credibilidad y sus posibilidades de influencia.
“El buen periodismo no admite el dinero ni como instrumento ni como presión”.
Haciendo memoria de este Maestro en estos tiempos la sociedad necesita un periodismo que no se limite a mostrar o a hacer oír, sino que haga al lector entender y participar de los hechos.



