Ayacucho arde bajo un sol implacable. En plena sierra central, donde las temperaturas rara vez superan los 25 grados, los termómetros han escalado hasta 33°C este diciembre, un récord que rompe con décadas de patrones climáticos. Este calor inusual no es solo un capricho meteorológico: genera alarma en la población y amenaza la base económica de la región.
La preocupación inicial golpea a la gente de a pie. Los rayos ultravioleta, intensificados por la altitud y la menor capa de ozono, multiplican riesgos para la salud: golpes de calor, quemaduras cutáneas, entre otros. ¿Cuántos casos de deshidratación o insolación se sumarán a las estadísticas hospitalarias si no actuamos?
Ayacucho enfrenta un inusual retraso de lluvias y temen impacto en reservorios
Pero el drama se agrava en el sector agrícola, pulmón de Ayacucho. La siembra tradicional de papa, maíz, quinua, entre otros, que depende de las lluvias de fin de año, pende de un hilo. El calor extremo y la escasez de precipitaciones —solo 20 mm registrados este mes, frente a los 80 habituales— secan suelos y marchitan brotes. Campesinos de Cangallo, Vilcashuamán, La Mar y Huanta ya reportan pérdidas: cultivos inciertos que esperamos no se visualicen en el precio de alimentos y los ingresos familiares. En una región donde el 70% de la población depende de la agricultura de subsistencia, este fenómeno no es un contratiempo, sino una crisis anunciada.
El cambio climático no respeta las altitudes. Estudios del Senamhi confirman que la sierra peruana enfrenta un calentamiento 50% más rápido que el promedio global, con sequías prolongadas y eventos extremos. Ayacucho, vulnerable por su geografía, paga el precio de la inacción global y local.
Es hora de respuestas concretas. Las autoridades regionales deben activar planes de emergencia: campañas masivas de protección solar, distribución de agua en comunidades y subsidios para sistemas de riego eficientes. Los agricultores necesitan semillas resistentes al calor y pronósticos climáticos accesibles. Y la sociedad civil, unir fuerzas en reforestación y consumo responsable.
Ayacucho no puede resignarse a un futuro de escasez. Este calor atípico es un llamado de atención: adaptémonos o pereceremos. La sierra merece un mañana fresco y productivo.



