Revisar las páginas de los diarios Expreso, la Razón no debe sorprendernos. Desde hace varias décadas estos diarios se han convertido en sicarios mediáticos para liquidar a todo aquel que cuestiona al fujimorismo.
Lo contrario sucede con el caso de los medios del grupo El Comercio. El Canal N tuvo una destacada labor en las elecciones del año 2000 denunciando las irregularidades, el fraude electoral y la corrupción del gobierno de Alberto Fujimori. Fue, y hay que destacar, uno de los pocos que no se inclinaron ante Vladimiro Montesinos.
Por supuesto, que hay que precisar, quien dirigía El Comercio en ese momento. Era Alejo Miro Quesada, un periodista cuajado y con principios éticos, y cuando insistió en publicar el caso de los petroaudios, que ponían al descubierto la corrupción del gobierno de Alan García, fue separado de la dirección.
Si la nave bandera del Grupo El Comercio se ha entregado al fujimorismo, no se podía esperar algo diferente de los otros medios del que dispone esta organización que concentra el 80% de los medios escritos del país.
Sin las sutilezas de El Comercio, Perú 21 y El Trome – el diario de mayor circulación en el Perú- fue lo más parecido Al Mañanero. La gran cantidad de medias verdades, y los calificativos falsos contra Pedro Castillo buscaron generar miedo en la población, y alentaron a los empresarios -que eran entrevistados- mientras anunciaban que cerrarían sus negocios si ganaba Perú Libre.
En la misma ruta estuvieron los diarios de EPENSA: Correo y Ojo, que se unieron al coro de los otros medios del grupo El Comercio, para generar miedo y satanizar al comunismo como el mayor de los males existentes en el planeta. Es más, dieron total cobertura a quienes llamaban abiertamente a un golpe de Estado para impedir que Pedro Aguirre asuma la presidencia en caso gane las elecciones.
Este es el tipo de periodismo que debe rechazarse. Pueden los medios tener simpatías por uno u otro candidato. Lo que no pueden es generar miedos irracionales, pánico financiero y lo peor, acusar de terrorista al candidato que no es de su simpatía.



