Edgard Bendezú | El Parque de Fabulinka
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Niñuchas: Ayer se celebró los 200 años de la Batalla de Ayacucho, con ese fin, hoy les presento un fragmento de mi libro: EL GATO CON OJOTAS, donde participan héroes populares a quienes hay que recordar: María Parado de Bellido, Bassilio Auqui, Cayetano Quiroz, los Morochucos, seres mitológicos y animales personalizados.
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EL GATO CON OJOTAS (Fragmento)
-¡Atrapen a ese gato! ¡Vivo o muertoo…! -alcancé a oír la voz de Carratalá. Las balas sonaban a mis espaldas, corría zigzagueando para que no me alcancen.
-¡Por allá está!
Mientras seguía corriendo, decía: “¡Miau… tengo que escapar!”.
Para mi salvación, apareció una vizcacha que me condujo por un pasaje subterráneo, y alcance a oír:
-¡Ha desaparecido!
-¿Cómo se va escapar un gato mugriento, zonzos?
-¡De repente un supay o un muki lo ha ayudado, mi general!
-¿Existen esos seres?
-¡Sí mi general, existen, es cierto!
Los zorros fugaron con el lorito por los techos. Ya, en el atardecer nos reagrupamos en una guarida secreta de los zorros, quienes me habían contado con anticipación el lugar donde se ubicaba. Una vez más comprobamos que, a pesar que se había proclamado la Independencia en Cangallo, en Huamanga y en Lima, aún no se había vencido a los realistas. La tristeza me invadió por perder a quien me había salvado la vida, pero el lorito, me levantó el ánimo:
-Basilio se alegrará si continuamos luchando por la patria. No te desanimes, ¡vamos, adelante, a paso de gigante!
Cuando amaneció, dije:
-Ustedes quédense aquí, voy a ver la posibilidad de salvar a Basilio y regreso a contarles. Iré con el lorito, por nuestros tamaños no nos descubrirán.
Dos horas después vi como los encerraban a Basilio y varios morochucos en el cuartel de Santa Catalina, en Huamanga. Luego, un día de febrero de 1822, en el puente de Santa Teresa, quedé estupefacto al ver que los españoles sentenciaban primero a sus familiares y luego a Basilio, pero quedé sorprendido, yo sé que con la mirada me dijo: “¡Continúen!”.
Y segundos previos a escuchar los fuegos, gritó:
-¡Que viva la Independenciaaa!
Y al caer su cuerpo, soltó de sus manos algo brillante que llamó la atención. Un español se agachó para recogerlo, pero el caballo de mechón negro relinchó:
-¡Iiiiiii, dejen, eso es para mí!
Tumbó a quien lo montaba y con su hocico recogió aquello que era de su amo.
-¡Detengan a ese caballo…! -gritó Carratalá, pero dribleó entre realistas y no lo alcanzaron.
Ya en la noche apareció el caballo de mechón negro, diciéndonos:
-Con los españoles jamás puedo estar, me las arreglé para escapar con lo que mi amo Basilio soltó de sus manos.
Nos miramos extrañados con aquel objeto, no sabíamos que representaba. Eso sí, deberíamos cuidarlo bien y no darle a cualquiera, sino a uno que fuera especial, porque algo importante debería significar. (Era la chakana).
Nos causó cierto sentimiento de esperanza ver el fiel caballo de Basilio con nosotros, y prometimos continuar en su nombre la lucha hasta conseguir la Independencia del Perú. Escondimos en la madriguera el objeto misterioso y salimos luego de una lluvia tempestuosa que se calmó. Los morochucos que quedábamos, el lorito, los dos zorros, el caballo y yo, iríamos donde Tomás que seguía luchando por Paras, al lado de su hermano, de su papá y de Cayetano Quiroz.
Llegamos al anochecer y Tomás se alegró de vernos y nos presentó ante su gente que lo acompañaba.
-Llegan a tiempo, mañana saldremos a luchar, nos ha informado el allqu (otro eh, el nuestro había muerto en Cangallo) que hay cincuenta realistas cuidando un depósito de comida en Huamanga.
En el camino, Cayetano me fue contando el plan que pondría en ejecución. Fingimos una pelea algunos patriotas y al ir a ver lo que ocurría, a diez realistas los tomamos prisioneros.
Luego, al doblar una calle, tuvo la genial idea de echar abundante ortiga en el suelo y después aparecieron los dos zorros, corriendo de un lugar a otro gritando:
-¡Hey, vengan por nosotros, realistas malosos, cara de ociosos…! ¡Oigan, españoles amantes del bien ajeno, disparen si son buenos…!
Y para nuestro susto, apareció el lorito, quien no quería quedarse calladito:
-¡Jojolete, miedosos, tramposos, munaysapas, caprichosos, siempre quieren hacer lo que quieren, vengan pues, no les tengo miedo…!
Un disparo sonó y se calló la voz aguda del lorito… pero al rato:
-¡Aquí estoy vivito y coleando, sigan disparando, vagonetas, pobres marionetas!
Aparecimos frente a ellos, gritando:
-¡Que viva la Independencia!
Y corrimos por la calle, ellos decidieron seguirnos y… cayeron entre la ortiga.
-¡Ay…! ¡Oh no, esto pica…! ¡Me estas disparando! ¡Oh, no, esto quema como candela!
Aquella curiosa planta hizo efecto en ellos, lo cual aprovechamos para usar nuestras hondas, lanzar huaracazos y piedras. Y minutos después, huyeron por las laderas de las montañas, agarrándose adoloridos diversas partes del cuerpo. Un sentimiento de patriotismo nos invadió y pensando en Basilio…
GOBERNADOR REGIONAL: SUGIERO IMPRIMIR ESTE LIBRO QUE ESTÁ LLENO DE IDENTIDAD AYACUCHANA
Y DONAR A LOS ESTUDIANTES DE LA REGIÓN. ¡ASÍ TAMBIÉN SE HACE PATRIA!
*Ediciones Fabulinka: Para el Plan Lector: ¡Sólo libros con amor y humor!



