La producción de café en zonas rurales de la provincia de Huanta, en Ayacucho, enfrenta un doble escenario: mientras pequeños productores avanzan en la transformación de su producto para mejorar ingresos, las limitaciones en infraestructura vial continúan restringiendo su crecimiento y acceso a nuevos mercados.
Desde el centro poblado de Nuevo Progreso, en el distrito de Sivia, asociaciones cafetaleras han comenzado a apostar por la elaboración de marcas propias y la venta de café con valor agregado. Esta estrategia responde a una necesidad concreta: la baja rentabilidad que genera la comercialización del grano como materia prima.
Productores organizados señalan que el procesamiento del café —que incluye tostado, molido y presentación final— permite incrementar los márgenes de ganancia y posicionar el producto en espacios de venta directa como ferias locales. En este proceso, surge la marca Ukumari, impulsada por productores de la Asociación de Productores Cafetaleros Luz de Verdad, como una propuesta orientada a transformar el café en origen y comercializarlo directamente en ferias locales.
En paralelo, el consumo interno de café en la región muestra un crecimiento progresivo. Participantes de ferias reportan una mayor demanda de cafés de especialidad, lo que ha motivado a los productores a trabajar con variedades como Geisha, Caturra y Bourbon, cultivadas en zonas que superan los 1,600 metros sobre el nivel del mar.
Sin embargo, el acceso a estas zonas sigue siendo un factor crítico. Las vías de comunicación, especialmente tras temporadas de lluvias, presentan condiciones que dificultan el traslado de productos y elevan los costos logísticos. Esta situación limita la capacidad de los productores para ampliar su alcance comercial y competir en mercados más amplios.
A nivel nacional, el café es uno de los principales productos agrícolas de exportación y sustento de más de 220 mil familias, según datos del sector agrario. No obstante, gran parte de la producción aún se vende sin transformación, lo que reduce el valor que reciben los agricultores en origen.
En el caso de Huanta, asociaciones de pequeños productores —conformadas por grupos reducidos— también enfrentan restricciones en su capacidad productiva. La demanda creciente en espacios locales empieza a superar la oferta disponible, lo que plantea la necesidad de ampliar áreas de cultivo y fortalecer la organización interna.
Además del café, algunos emprendimientos articulan trabajo con productores de cacao y derivados, diversificando su oferta y generando alianzas dentro de la cadena productiva. Esta integración busca sostener su presencia en ferias y responder a un consumidor cada vez más exigente.
En este contexto, los productores coinciden en la importancia de fortalecer los espacios de comercialización directa y mejorar las condiciones de acceso a sus comunidades. Ambos factores son considerados claves para consolidar el crecimiento de la actividad cafetalera y permitir su proyección hacia mercados nacionales e internacionales.
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