Si los partidos están en esa búsqueda, algo similar, pero a la inversa lo encontramos en las ciudades grandes o medianas, donde algunos líderes locales están a la casa de cualquier partido que se interese en tener un candidato en la región. Se ofrecen a todos los que pasan para ver quien se fija en ellos.
Por supuesto, que de por medio está el cuanto tienes y cuanto aportas. Porque los partidos, han convertido en algo parecido a una subasta pública, la selección de sus candidatos y cada sitio en la boleta electoral tiene precio. El 1 vale más, aunque nadie garantiza que gane.
Esto en palabras de Acuña significa tener “plata como cancha”: una billetera y una cuenta bancaria “gorda” para afrontar los gastos de una campaña, no solo el pago de la cuota al partido.
Tiene que recorrer las 11 provincias, porque se mantiene el voto preferencial. Debe tener en cada provincia por lo menos un local político con un grupo mínimo de operadores políticos que atiendan a las personas que vienen a inscribirse o sólo a preguntar quién es el candidato.
Y decimos operadores políticos, porque no se trata de militantes, sino de mercenarios de la política que ganan un salario para hablar bien del “futuro congresista”. Y, por momentos, actúan como sicarios de la política, porque buscan liquidar políticamente, en primer lugar, a los otros candidatos de su propia organización, para que le dejen el camino despejado.
A estas alturas las coordinaciones estarán en marcha. Incluso en aquellas organizaciones donde anuncian elecciones internas. Corren las conversaciones, se revisan los presupuestos y vienen las directivas –que en buen lenguaje son órdenes- de quien debe ser el ganador.
La política peruana es un caso singular. Tenemos 25 organizaciones políticas inscritas, y con un poco más de apertura, tendremos igual número de partidos que universidades privadas, porque parece que universidad privada y partido político van de la mano. De esos 25, posiblemente, hace unos 40 años, en las elecciones de 1980, ninguno de los aspirantes a la presidencia hubiera sido candidato.
Y, del mismo modo, de los posibles 75 que aspiran un escaño por Ayacucho, salvo alguna excepción, ninguno estaría entre los candidatos a diputado por Ayacucho.



