matemáticas, ciertamente, todo libro aporta un gran conocimiento independientemente de la materia; pero mi interés siempre ha sido por la literatura. Aunque en la etapa de primaria no las leía por curiosidad o interés, sino solo por cumplir con las tareas que dejaba la profesora y, en la secundaria, ya disfrutaba leer los diversos géneros literarios que eran igual de exigentes para aprobar los exámenes del curso y leía, otra vez, por cumplir. Ya con el paso del tiempo y la edad adulta, descubro que mi afán por la literatura ha ido aumentando, convirtiéndose en un hábito y en mi escape predilecto, esta vez, por puro amor. Desde aquel entonces y, en cuanto pueda, trato de adquirir más obras, porque creo que es la mejor de las inversiones que uno puede hacer. Los libros son eternos, cada día surgen nuevas ideas, hallazgos, historias y experiencias, pero también están los siempre clásicos en filosofía, sociología, astronomía, economía y, por su puesto, en la literatura -mi favorita-. Además, es importante que sepamos escogerlos adecuadamente si deseamos vivir una experiencia placentera llena de grandes aprendizajes. No hay libro malo si los leemos con la mente abierta.
Así, desde este pequeño relato, quiero llamarles a adentrarse en el mundo del conocimiento, de vivir otras vidas, de conocer otros mundos, de alcanzar la riqueza inmaterial a través de los textos. A los padres quiero decirles que tengan al menos un par de libros en casa, lee para tus hijos, deja que los textos estén a su alcance, es mejor “distraerlos” con un libro que con un smartphone (a menos que tenga contenido educativo), invierte en la construcción de un gran ser humano. A los jóvenes, coge un libro, lee al menos unas 5 páginas al día, busca y sé curioso, porque la curiosidad es camino a la sabiduría. Sé que no soy experta en esto, pero deseo compartirlo desde mi experiencia.
El hábito de lectura no es sencillo de construir, necesita tiempo, esfuerzo y voluntad, me detengo en este último, ya que la voluntad es motor importante para afianzar lo que se desee, en este caso, a la lectura. Es necesario descubrir los temas de interés para no morir en el intento, un lector tiene la libertad de decidir qué libro leer y qué no. Así pues, los libros son una herramienta que inspiran, dan pie a reflexiones, a preguntas y a la formación profesional y personal. “El que no lee solo vive una vida y está atrapado en sí mismo”, creo yo, que todos aspiramos a seguir aprendiendo y alcanzando conocimientos. Por estos motivos, no desistiré en llamar a que se siga fomentando la lectura desde tempranas edades.
Un libro… Una historia



